Ciertamente el que forma los montes y crea el viento, el que anuncia al
hombre su pensamiento, hace de las tinieblas mañana y pasa sobre las alturas de
la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre (Amós 4:13).
Como creyentes es importante entender y reconocer que siempre, esto es
inevitable en este plano humano, siempre vamos a estar ante pruebas y
tentaciones. Pero, en medio de ellos es a lo que nos hemos de inclinar. Si se
detienes a examinar la maldad que nos rodea, cuando esta misma maldad toca a su
puerta, cuando tristemente tiene oportunidad de entrar a su hogar, ¿Cuál ha
sido su respuesta ante ella? ¿Cómo procedió en medio de ello? ¿Se unió al mal o
glorificó al Señor? ¡Gloria a Dios! si como pueblo pudo haber este coro unido:
1. Si en mi corazón hubiera yo mirado a la maldad,
el Señor no me habría escuchado (Salmo 66:18).
Si en mi mente hubiese considerado el mismo camino de error y proceder
conforme a ella, habría limitado, detenido, obstruido el obrar de Dios en medio
de aquello.
Cualquiera que haya sido la prueba que se haya atravesado, a través de
está brotará la verdad que ciertamente reina dentro de nosotros, o la voz, la
actitud que hemos de hacer imperar aún en las situaciones precarias. Pero estos
son medios que el Señor utiliza para hacernos ver en dónde estamos en lo
referente a nuestra realidad espiritual, aun respondiendo en la carne o
respondiendo en el Espíritu.
2. En mi corazón he guardado Tus dichos para no
pecar contra Ti (Salmo 119:11).
Esta es la posición ideal en donde todo creyente debe de estar, pero, en
instancias, en ocasiones se presentan situaciones en donde en vez de brotar los
dichos del Señor, en vez de florecer aquellas respuestas que saturadas están de
la Palabra, en esencia refleja lo poco o nada del conocimiento de verdad en los
creyentes.
Pero el salmista expresa o revela que el abasto que hay en él es la
Palabra de Dios, que su respuesta es la Palabra, que su manera de proceder es
conforme a la Palabra.
Porque la única manera de no estar en falta o haber fallado al blanco
para el creyente es procediendo conforme a lo establecido en la Sagrada
Escritura. Habiendo puesto por obra lo dictaminado por Dios, y no habrá caído
en pecado, el cual sería una acción contra el Señor.
3. Así ha dicho Jehová: ¡Maldito aquel que confía
en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazón se
aparta de Jehová! (Jeremías 17:5)
Hay instancias en donde en vez de buscar del Señor, la voz de hombre
cubre su esperanza de algo que fácilmente podría cambiar por variadas razones y
dejarle en un desierto, porque toda estructura o edificación humana tiene un
tiempo de vida. Empero, todo aquél que ha tomado aquél camino de confianza en
la fuerza humana, está en camino de maldición, porque ha puesto un depósito en
hombre, que sólo pertenece a Dios.
Sin embargo, estas evidencias florecen en nuestro caminar y deja notorio
en dónde nuestra confianza está.
Había una hermana de fe que había recibido revelación del Señor que iba
a ser empleada en una dada compañía. Y, gloria a Dios, en base a lo que el
Señor le indicó así la hermana obró.
Aquella mañana se preparó y fue en dirección a la compañía en que el
Señor le hizo saber que sería empleada. Al llegar le hizo saber a la
recepcionista o secretaria que deseaba ver al gerente porque Dios le dijo que iba
a obtener empleo en aquel lugar. La
secretaria un tanto perpleja y sorprendida por la seguridad, firmeza de aquella
hermana en sus palabras hacia ella, le informó al gerente el cual le permitió
audiencia. La hermana le informó al gerente lo mismo que había hecho saber en
recepción, no sabemos en capacidad de qué fue empleada, pero fue empleada.
Ella no entró en aquel lugar basada en las probabilidades, ella escuchó
la voz de Dios y en base a lo que Él le indicó ella actuó.
¿Qué habría quedado revelado en la acción de usted? ¿Se habría
presentado porque fue referido por alguna persona o porque el Señor se lo
indicó?
Esta hermana reveló en quién ella está anclada, ella dejó revelado en
quién está su esperanza.
¿Qué se habría conocido de usted en una situación como esta?
Estoy totalmente creyendo a mi Dios ó tengo que considerar y aún está
considerando.
4. No dejes que se incline mi corazón a cosa mala,
para hacer obras impías con los que hacen maldad; y no coma yo de sus deleites
(Salmo 141:4).
Aquí converge la probabilidad de todo creyente, todos estamos propensos
a inclinarnos al mal, porque esto forma parte de nuestra libre escogencia. Pero,
levantar plegaria para fortalecer esas áreas vulnerables, levantar oración para
fortalecer las murallas cuando este mal trata de sobrecoger nuestra profesión
de fe, para no terminar asociándonos o conduciéndonos igual como aquellos que
lo han hecho su forma de vida.
Le estamos diciendo al Señor, le estamos rogando que interceda en esos
momentos, y que no permita que esa semilla germine, que no tenga comienzo, que
el Creador siempre le ponga fin, que sea siempre un árbol cortado y
desarraigado desde su raíz.
Siempre el Señor nos dejará frente al espejo de nuestras acciones,
palabras permitirá que florezca o se asome lo que tenemos allí en lo profundo
de nuestro ser, para que realmente estemos anuentes de la verdad que hay en
nuestras vidas e ir en el camino de corregirlos entregándolos a Él, para que
limpie y vacíe nuestras vidas de aquel peso muerto y llenarlo sólo de su
presencia.
El proceso de conocer la verdad que hay en nosotros, la abundancia de lo
que allí está. Hay veces es espantoso, otras aun no lo podemos creer; pero,
Dios, es un Señor de revelaciones y nos ha de hacer saber aquella verdad, para
que podamos al igual en esas áreas en nuestras vidas, cedértelos para que al
igual allí Él se entrone y tenga total control.