El
Doctor J. Vernon McGee dijo en una ocasión: “si usted me conociera tan bien
cómo realmente soy, usted no me hablaría; pero, si yo supiera cómo realmente es
usted, yo al igual no le hablaría”.
Resulta
interesante esta cita porque nos hace a todos detenernos a explorar allí en lo
íntimo de nuestros pensamientos, de nuestros corazones lo que realmente somos
cuando nadie nos ve excepto Dios.
1. ¿Qué
hace usted en lo privado para glorificar al Señor cuando ningún otro ojo humano
allí está?
2. Si
se nos estuviera inventariando nuestras acciones, ¿Cuál de ellos no
representaría a Cristo? ¿Qué mal opacaría mi fe?
3. ¿Cómo
se expresa? ¿Cómo conversa?
4. En
esos momentos en que hay enojos, ¿Qué es lo que brota?
5. Cuando
usted habla de otros, ¿Qué declara sobre ellos? ¿Bendición o maldición?
6. ¿Es
mi vida como la del domingo en la iglesia? O ¿Es mi vida como la de los paganos
en su infernal tormento?
7. ¿Cómo
soy con mis adversarios, con lo que nos ofenden?
8.
¿Hacia dónde los envía al cielo o al infierno?
9.
¿Si la iglesia se reuniera en su casa, habría que echar fuera a demonios? O su
hogar, ¿Santificada está?
Las
respuestas a esta encuesta personal no son para ser exhibidos a nadie excepto
al Señor, reconocer ante Él en dónde estamos y lo que hemos de hacer con
nuestro estado.
Todos
tenemos faltas, defectos, tendencias; pero, ¿Continuaremos sujetos a ellos como
si no hubiese alternativa, como si allí permaneceremos atrapados? De ser así
como creyentes, ¿En qué consiste aquella vida en abundancia que nos ha dado el
Señor? Aquello de que, “Somos más que vencedores a través de Aquel que nos amó.
Aquello de una nueva criatura...”
Consiste
en decisiones y negaciones, usted continúa siendo parte de una edificación.
Usted es el terreno en la que construye el Señor y cuando usted lo aceptó, Él
dejó el terreno preparado para llevar a cabo su construcción en su vida; empero,
usted mi amado hermano participa manteniendo ese templo que Dios construyó en
usted, no dando lugar a que aquellas cosas que destruyó se vuelvan a edificar.
·
Porque si
las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago...
(Gálatas 2:18).
·
Así
también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo
Jesús, Señor nuestro (Romanos 6:11).
El
término “consideraos” no se trata de una simple opinión, sugerencia. Cuando
usted acepto a Cristo como su salvador personal usted y yo dejamos de vivir en
las obras de la carne, y ejercitándonos en la fe o el hecho de creer a Dios en
la obra de redención o de liberación llevada a cabo en la cruz por usted,
tenemos una cuenta de poder en el cielo, mas, esta se accesa por su obrar en
fe; actuando en base a lo que el Señor ha dicho que es mío o lo que puedo darle
uso.
Si
usted trabajase para una corporación que le hiciera saber que la tarjeta que se
le ha entregado cubre todos sus gastos, mientras que usted esté laborando en
aquella compañía, aquello sería increíble. Sin embargo, hasta que usted no haga
uso de aquella tarjeta no se beneficiará de lo que se le ha entregado. Y
continuará viviendo por debajo de donde podría o pudiera estar obrando conforme
a lo que se le ha informado y entregado. Empero, usted tiene que proceder,
actuar con la tarjeta o usar la tarjeta conforme a las necesidades que se le
estuviese presentando.
En
el término griego “consideraos” implica reconocer que, debido a su unión con
Cristo por su confesión de fe, usted está realmente muerto con respecto al
pecado, pero, a través de Cristo usted está vivo o vive para la gloria de Dios.
Por
ende, en lo privado, en su alcoba o recámara; en aquellas puertas cerradas,
cuando nadie lo ve o escucha continúa siendo de Cristo.
La
tarjeta para atender sus necesidades en la compañía de Dios es su fe
manifestándose en su manera de vivir en todo momento. Porque el mantenimiento
de su vida espiritual y física usted tiene que participar en ello. Entendiendo
que en todo momento usted es templo del Dios viviente, desde el domingo hasta
que regrese Cristo. Pero, el mantenerlo forma parte de la obra que hace Dios en
nosotros.
Si
aquel que posee aquella tarjeta para atender sus necesidades continúa viviendo
como si no hubiese alternativa, en un solo lugar reside la triste culpabilidad.
Tanto
en lo secreto como en lo abierto, se tiene que mantener esa vida activada que
le glorifique a Él; es una actividad en donde siempre se tiene que mantener
velando y orando, asegurando conservar en el templo todo cuanto le ha
entregado, aquella vida nueva y la muerte al pecado.