domingo, 16 de marzo de 2025

DEPÓSITO COMPLETO O SALDO PENDIENTE (ESTO ES SU ENTREGA A JESÚS)

 

Cuando evaluamos nuestros caminos, cuando reales somos en reconocer nuestras tendencias, limitaciones, en muchas instancias aun nuestras costumbres, tenemos que maravillarnos en el amor de Dios para con todo hombre y esa inmensa piedad, misericordia que nos extiende sin excepción alguna.

·         Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34).

Peor resulta cuando aún en nuestra confusión en el camino de fe le damos nuestra espalda por un momento de placer, despliegue de ira no contenida o aceptada por Él; avaricia, materialismo, ambición, y tantos otros manifiestos que jamás tuvo que tener lugar, pero, se le dedicó atención.

Y al volver a recurrir a Él buscando reconciliación, su amor aún lo extiende, brindando otra oportunidad. La ironía en este hecho es que cuando se presenta una situación en donde igual proceder debe de haber, el perdonado no perdona.

Cuando el creyente se detiene a evaluar todo cuanto acontece a su alrededor y todo aquello que al igual resulta en su interior y exterior de manera personal, ¿Qué daño podría cerrar la puerta para no exonerar a un deudor de su falta?

·         ¿Cuántas veces perdonaré? (Mateo 18:21).

Cualesquiera que haya sido lo acreditado a nuestra cuenta ante Dios en faltas, Él los ha perdonado, dejado en libertad de poder proseguir, de poder tener y recibir de Él compasión y de su abundante gracia.

La creación del Señor nunca fue defectuosa, nunca tuvo errores en su formación; empero, lo que presente está en el estado de cada cual son productos de sus decisiones, inversiones o malversaciones en su existencia.

Todo converge o concluye en que vidas necesitan de Dios, para el creyente total sumisión, entrega sin retención a Él. Para el cosmos, volver o devolverse a su Hacedor. Ninguna vida puede ser graduada o encontrada, señalando la hora correcta sin su Hacedor. Fuera de esto, todo lo demás solo será la hora aproximada de lo que realmente es.

Cuando miramos cualquiera y toda condición, es por la gracia de Dios que no estamos allí o que ya no estemos allá.

Y ya que la condición de todos ha requerido y requiere ser liberados de cualquiera de las cadenas que los mantenían esclavizados, ¿Cómo mirar a cualquier y todo hombre no reconociendo su igual necesidad del Señor?

Ellos (el inconverso) en su ignorancia prosiguen su marcha en destrucción. Mas, los anuentes, el cristiano volviendo a áreas que abandonaron, que debería ser repudiado y jamás concediéndole una segunda mirada; empero, para algunos les dan lugar a fracciones de segundos, minutos, horas, semanas; para otros años en condiciones creadas y antepuestas a la Verdad y al Camino ya conocido.

Gloria a Dios por los que perseveran, los constantes, aquellos que no han vuelto al vómito, a la desgracia espiritual, ya que cualquiera de estas manifestaciones es con nuestras espaldas al Señor. No a un hombre, un dignatario, reyes o presidentes; mas, al Soberano y Autor de nuestros días.

¿Cuál de los males es menor ignorancia o rebeldía? ¿El pagano o un inconstante en el camino? La gran bendición en cada uno de los interrogantes, Cristo siempre será la respuesta para ambos peregrinos. Para el pagano el ser librado, y debe ser para el creyente el ser fortalecido por Él en el lugar en que se está, por cualquiera que fuese el valle por la que se esté atravesando.

Algo acontece con la perspectiva cuando se inclina la balanza y se antecede a la fe, al compromiso con el Señor en aquello que fuese. No hay manera que se esté dando nuestro rostro al Señor, no hay manera en que Él tenga nuestra atención (excepto que habite la soberbia), y si se está contemplando algo en la dirección contraria, poco tiempo toma para que no sea solo la vista apartada, sino al igual el cuerpo o la vida misma girando en torno a lo que lo ha cautivado o encantado.

Indiscutible es que hay caminos que no se tomaría en lo humano, no se consideraría ni por un segundo. ¡Cuánto Dios espera esta misma acción para con los suyos en entrega y reverencia a Él!

Por ello las Palabras de Jesús nos afirma la posición que siempre debe de prevalecer, ser la forma de vida: el perseverante, el que permanezca en las filas hasta el fin es el que alcanzará la salvación. Porque en el camino habrá y acontecerá de todo para hacer separar, desviar, caer; porque mientras se esté en este plano humano, jamás será de manera diferente.

Una vida constante, firme, perseverante, nos salva o resguarda de desviaciones, devaluaciones de todo aquello que trató de ser, pero, no se le dio lugar, porque el depósito completo puesto en el Señor no busca nada fuera de Él.

·         ...quienes hablándoles los persuadían a que perseveraran en la gracia de Dios (Hechos 13:43).

Su perseverancia en el camino del Señor, es su marca inconfundible que forma parte del pueblo de Dios, que ha renunciado a no considerar retornar a nada que lo mantuvo apartado de su Hacedor, que su compromiso es hasta que la muerte lo una a su Salvador.

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