viernes, 1 de diciembre de 2017

LA VARA DE LA IMPIEDAD NO ES PARA SIEMPRE



La vara de la impiedad no es para siempre, aunque allí esté, Dios lo ha permitido o traído debido a nuestras acciones, pero, aún en medio de sus castigos hay clemencia, porque el objetivo no es destruirnos, empero, hacernos permanecer como herederos de todo el bien que nos tiene preparado.
No reposará la vara de impiedad sobre la heredad de los justos; no sea que extiendan sus manos a la maldad (Salmo 125:3).

Israel estuvo bajo la dominación extranjera, medios estos que utilizó Dios para traer juicio sobre su pueblo escogido, debido a su desobediencia, rebeldía. Sin embargo, aún en medio de todo aquello que atravesaron, el Señor siempre estuvo atento a su clamor de arrepentimiento, cuando esto se manifestaba en espíritu y en verdad, Dios se movía para bendecir a su pueblo.
Examinemos:

a.      No reposará la vara de impiedad sobre la heredad de los justos...:
Hay un período que, debido a nuestras acciones, desobediencia o rebeldía a las ordenanzas de nuestro Padre celestial, Él tendrá que obrar trayéndonos en sujeción, para que nuestra conciencia espiritual vuelva a Él. Mas, ese proceder del Señor no es para siempre, sus oídos siempre estarán atentos al clamor de su pueblo.
Como pueblo de Dios, al igual los creyentes tendremos debido a nuestras decisiones contrarias a o que Él establece un periodo de corrección. Pero, este no es el plan del Señor para mantenernos marginados, confinados; empero lo hará hasta que su pueblo retorne a su posición de temor santo y reverente a Él. Sí es nuestro Padre celestial, pero, es el Dios Todopoderoso; se aíra lentamente, mas, su misericordia es grandísima.
Nuestro Creador no se goza en castigar o dar uso a la terapia espiritual para que volvamos al camino, su pueblo tiene una heredad, y la finalidad de todo es corregirnos para que podamos no continuar debajo permanentemente de la vara de la impiedad o de corrección que siempre alcanzará a todo hijo de Dios, para que habitemos en su voluntad y heredemos o recibamos lo que Él nos ha preparado.
Ahora bien, es importante que no olvidemos que, aunque no permanecerá la vara de corrección en uso continuo innecesariamente, allí estará para tener a un pueblo disciplinado, un pueblo en honra (esto implica pureza y virtud).
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.
Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, no hijos (Hebreos 12:5-8).

b.      ...no sea que extiendan sus manos a la maldad:
Hay padres terrenales que se excedieron con su disciplina para  con sus hijos y los forzaron con sus acciones fuera de sus hogares, exponiéndolos a malas decisiones; presionándolos, procediendo a castigos injustos, verbalizando lo que nunca de labios de sus padres se debió de escuchar. Sí tantos padres humanos, creyentes fueron realmente culpables a no haber tenido el balance apropiado para saber aquel cuándo ejercer presión y cuándo hacer que reine la armonía en el hogar.
Gloria a Dios, nuestro Señor, nuestro Padre de bien jamás se excedió en su justica o disciplina impartida, jamás debido a su proceder envió a sus hijas a brazos extraños, a sus hijos a vidas promiscuas y de destrucción.
En ningún obrar del Hacedor ha habido más disciplina de la que debió de estar para que sus hijos volvieran a Él. Toda acción de Dios es precisamente para esto, para evitar que las vidas, sus acciones hallen una excusa para hacer o acudir al mal.

Axioma: Aunque el Señor esté disciplinando, su misericordia y piedad jamás te abandona, siempre presente.


Que gozo trae al alma el saber que sí habrá consecuencias por todo aquello que no te glorifique. Sabemos que las obras del mal no forman parte de su pueblo y mucho menos el desvío hacia aquello no podrá ser jamás por cómo nos has disciplinado y corregido.  Pero, nos disciplina haciendo detenernos y considerar su camino, y volver al sendero de aquellos que están en espera de su heredad, siendo hijos del Padre celestial. 

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