La vara de la impiedad no es para siempre, aunque allí esté, Dios lo ha
permitido o traído debido a nuestras acciones, pero, aún en medio de sus
castigos hay clemencia, porque el objetivo no es destruirnos, empero, hacernos
permanecer como herederos de todo el bien que nos tiene preparado.
No reposará la vara de impiedad sobre la heredad de los justos; no sea
que extiendan sus manos a la maldad (Salmo 125:3).
Israel estuvo bajo la dominación extranjera, medios estos que utilizó
Dios para traer juicio sobre su pueblo escogido, debido a su desobediencia,
rebeldía. Sin embargo, aún en medio de todo aquello que atravesaron, el Señor
siempre estuvo atento a su clamor de arrepentimiento, cuando esto se
manifestaba en espíritu y en verdad, Dios se movía para bendecir a su pueblo.
Examinemos:
a. No reposará la vara de impiedad sobre la
heredad de los justos...:
Hay un período que, debido a
nuestras acciones, desobediencia o rebeldía a las ordenanzas de nuestro Padre
celestial, Él tendrá que obrar trayéndonos en sujeción, para que nuestra
conciencia espiritual vuelva a Él. Mas, ese proceder del Señor no es para
siempre, sus oídos siempre estarán atentos al clamor de su pueblo.
Como pueblo de Dios, al igual los
creyentes tendremos debido a nuestras decisiones contrarias a o que Él
establece un periodo de corrección. Pero, este no es el plan del Señor para
mantenernos marginados, confinados; empero lo hará hasta que su pueblo retorne
a su posición de temor santo y reverente a Él. Sí es nuestro Padre celestial,
pero, es el Dios Todopoderoso; se aíra lentamente, mas, su misericordia es
grandísima.
Nuestro Creador no se goza en
castigar o dar uso a la terapia espiritual para que volvamos al camino, su
pueblo tiene una heredad, y la finalidad de todo es corregirnos para que
podamos no continuar debajo permanentemente de la vara de la impiedad o de
corrección que siempre alcanzará a todo hijo de Dios, para que habitemos en su
voluntad y heredemos o recibamos lo que Él nos ha preparado.
Ahora bien, es importante que no olvidemos
que, aunque no permanecerá la vara de corrección en uso continuo innecesariamente,
allí estará para tener a un pueblo disciplinado, un pueblo en honra (esto
implica pureza y virtud).
Hijo mío, no menosprecies la
disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el
Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.
Si soportáis la disciplina, Dios
os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no
disciplina?
Pero si os deja sin disciplina,
de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, no hijos
(Hebreos 12:5-8).
b. ...no sea que extiendan sus manos a la maldad:
Hay padres terrenales que se
excedieron con su disciplina para con
sus hijos y los forzaron con sus acciones fuera de sus hogares, exponiéndolos a
malas decisiones; presionándolos, procediendo a castigos injustos, verbalizando
lo que nunca de labios de sus padres se debió de escuchar. Sí tantos padres
humanos, creyentes fueron realmente culpables a no haber tenido el balance
apropiado para saber aquel cuándo ejercer presión y cuándo hacer que reine la
armonía en el hogar.
Gloria a Dios, nuestro Señor,
nuestro Padre de bien jamás se excedió en su justica o disciplina impartida,
jamás debido a su proceder envió a sus hijas a brazos extraños, a sus hijos a
vidas promiscuas y de destrucción.
En ningún obrar del Hacedor ha
habido más disciplina de la que debió de estar para que sus hijos volvieran a
Él. Toda acción de Dios es precisamente para esto, para evitar que las vidas,
sus acciones hallen una excusa para hacer o acudir al mal.
Axioma: Aunque el Señor esté disciplinando, su misericordia y piedad
jamás te abandona, siempre presente.
Que gozo trae al alma el saber que sí habrá consecuencias por todo
aquello que no te glorifique. Sabemos que las obras del mal no forman parte de su
pueblo y mucho menos el desvío hacia aquello no podrá ser jamás por cómo nos
has disciplinado y corregido. Pero, nos
disciplina haciendo detenernos y considerar su camino, y volver al sendero de
aquellos que están en espera de su heredad, siendo hijos del Padre celestial.
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