domingo, 13 de mayo de 2018

OPORTUNIDAD NO MERECIDA PERO RECIBIDA (SÓLO DIOS)





Salmo 51:1 Ten piedad de mí, Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

a.      Ten piedad de mí, Dios...

La piedad (clemencia, caridad, compasión) de Dios es la que brinda u ofrece esa oportunidad que no se merece, empero lo extiende. Es aquella parte de Dios que nos mira y se compadece, aceptando nuestro arrepentimiento, extendiendo otra oportunidad.

b.      ...conforme a Tu misericordia...

Cuando se erra, implicación, hay faltas; esto no tiene que ser, y mucho menos debe ser una norma de conducta. Pero, cuando acontece ciertamente ayuda a tener una gráfica real de cuan frágil se es o lo propenso que se está a caer, cuando Él no es en todo prioritario.
Cuando se vive una vida conforme a las leyes y preceptos de Dios, se puede llegar ante su trono sobre la base de sus promesas. Cuando se desvía del camino, gloria a Dios que aún hay oportunidad, se puede acercar y clamar, rogar por misericordia; el cual esta implica una multitud de piedades.
Dios siempre atiende y está dispuesto a atender a todo hombre, para otorgarle lo que solo Él puede ofrecerle. Nada hay muy distante, envilecido, que Él no pueda atender; exceptuando aquello que no se desea reconocer, o rechazar; esto es permanecer en el estado en que se está.
Decirle al Señor ten piedad de mí, es clamar al Soberano para que Él haga lo que ningún otro puede hacer por nosotros. Es haber reconocido la necesidad única de su intervención, y darle lugar que siempre debe tener, el cual es el estar al frente de todo cuanto implica o toca nuestras vidas.

            v.2- ¡Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado!…

Este clamor fue a consecuencia de mal, a consecuencia de haber violado lo que Dios había establecido, por haber negado o puesto a un lado la fe; por haber puesto una vida en santidad en segundo lugar y haberle dado al enemigo oportunidad para burlarse de la fe. Ante esta situación surge el clamor: ¡Señor!, reconozco que estoy sucio, más sucio de lo que creí o si quiera pensé estar y necesito ser lavado por Ti. Y sé que esto tiene que ser continuamente, necesito Tu intervención continua en mi vida para que esta pueda ser y estar en el lugar que tienes deparado o preparado para él.
Necesito ser limpiado, y ciertamente no hay nada sobre la faz de esta tierra que pueda lograr librarme de esta suciedad, ya que esto solo procede de Ti. ¡Haz esa obra en mí, hazlo una realidad en mí vida!

            v.3- porque reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.

Cuando el hombre reconoce su falta, su mal, es cuando él está en camino de ser librado. Cuando admite lo limitado que es y la indispensable necesidad del poder de Dios actuando sobre él y dentro de él para poder lograr el salir airoso de todo y cualquier reto que se enfrente, entonces y sólo entonces estará en camino de ser restaurado, corregido, bendecido.
Cuando se quebranta los preceptos o las leyes de Dios, se sufre serias consecuencias, una de ellas es el hecho de revivir aquello que ha sido grotescos, los cuales en ocasiones se revivirá; pero gloria a Dios, se debe al igual recordar que se ha sido perdonado de aquello, y que gloria a Dios pasado es, el cual nunca se debe volver a fomentar, entretener o si quiera considerar.



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