Hebreos 4:1- 11
El descanso en el Señor es accesible para con todo
creyente, empero no todos allí residen.
· Hay aquél que descansa en su incredulidad en algunas áreas.
· En su obstinación.
· En su ansiedad.
· En su desesperación.
· En convicciones personales.
Frente al pueblo está la entrada al descanso, pero muchos
deambulan frente a ello sin entrar.
Increíble es pensar que para todos es, todos tienen acceso
a la entrada, y aquí es donde puebla lo inexplicable, algunos no lo han
alcanzado.
La buena nueva ha sido anunciada, empero para algunos
iguales que el pueblo de Israel:
“...a ellos de nada les sirvió haber oído la Palabra, por
no ir acompañada de fe en los que lo oyeron (Hebreos 4:2)”.
De nada les sirvió haber oído la Palabra, porque no fue
acompañada de fe, aceptación radical, lo dijo Dios y no hay más que cumplir. En
vano fue el haber quedado expuesto a la solución, prosiguiendo el camino con la
situación como si nunca se hubiese escuchado del Señor.
Todo les fue preparado al pueblo de Israel, pero un grupo
mayoritario de incrédulos trajo sobre el remanente de crédulos un
inconveniente, mas, los de la fe entraron en la paz; porque, aunque fue por un
tiempo la espera, la incredulidad de otros no anuló lo que pertenecía a los que
a Dios creyeron.
Dios dijo, está escrito, es anunciado, es enseñado,
predicado; sin embargo, por muchos no aceptado aquello que el Señor les ha
revelado, aquello que han quedado expuestos, sí de la Palabra (no de hombre el
cual es siempre cuestionable), la Palabra del Señor.
Si la fe no acompaña a la Palabra oída, aquél permanece en
el estado en que se encuentra, inmóvil e indefenso ante aquello que lo habría
armado para proseguir, vencer ante toda oposición o adversidad. La
Palabra es poder, sin embargo, no tomada y procediendo en obediencia,
acatamiento por confiar en lo que dice Dios lo hace mantenerse exactamente allí
en donde está prisionero de su condición y no entrando en lo que promete el
Señor.
Lo que dice el Creador, lo que está escrito requiere
siempre una acción activada por fe y esta en obediencia entra en lo por Dios ha
prometido para aquél.
Ante toda muralla, está la Palabra;
Ante toda oposición, la entrada;
Ante toda amenaza, la fe acentuada;
Porque creer a Dios, es la entrada,
Al reposo encontrado, sólo en Él.
El que no ha creído el reporte, el anuncio de Dios, están a
la puerta de entrada, continúan frente a ella, ¿el por qué no han entrado?
Incredulidad los detiene y acompaña.
Las Escrituras tiene un hermoso registro de aquellos que sí
están:
“Pero los que han creído entramos en el reposo... (Hebreos
4:3).
Hay entrada en lo que promete Dios, pero hay que creer. La
entrada es para todos, empero, si ha decidido permanecer obstruyendo esta
verdad y realidad para todo aquél, entonces usted privándose está de aquello
que lo bendecirá.
Poner en juicio, en dudas, ubicarlo al nivel de una
consideración, y no de aquello que rige, dirige, es la autoridad de nuestras
vidas; provoca la ira y el castigo del Hacedor. Ya que la incredulidad hacia el
Señor lo ubica en el actuar del hombre, en planos meramente humanas y no se le
concede o se le reconoce su soberanía sobre todo y en todo.
La incredulidad solo puede encaminar a puertas cerradas,
como el pueblo hebreo. Aquella generación que no obraron por su Palabra, aun
habiendo reconocido o mirado aquello que el Soberano les hizo saber que era
suyo, y que habrían podido reclamar en cuarenta días, y como castigo cargaron
con cuarenta años como juicio, hasta que la generación de incrédulos fuese
eliminada. De aquello que era suyo, terminaron nunca pudiendo entrar a lo que
el Señor les había entregado (Números 14:32-35).
Hay una firme y clara exhortación para todo creyente:
Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno
caiga en semejante ejemplo de desobediencia (Hebreos 4:11).
Propóngase a ser de aquellos que están en el reposo, no sea
otro ejemplo de los caídos en desobediencia, permanezca en el reposo del Señor.
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