Siempre pareciera que
en la situación siendo hijos de Dios en la cual se está (ya sea esto pruebas de
diversas naturalezas), pareciera como si de algo se está perdiendo, o que se
podría estar haciendo algo mejor para lograr resolver, alcanzar, llegar.
¿Qué podría ser
mejor? ¿Dónde hay algo mejor? ¿Cómo podría haber algo mejor fuera de la Casa o
amparo de nuestro Padre Eterno?
Pero, así algunos
pensamos o creamos esta fantasía del diablo y muchos lo vivimos, ya sea esto en
la juventud, en la adolescencia, en los años maduros; de una forma u otra
resolvemos consultando con nuestro libre albedrío, del cual nunca nos
podemos fijar, y lo hacemos realidad para luego elegías o lamentaciones.
Y nos alejamos de la
cobertura del Señor y emprendemos el costoso viaje. No hay nada más que espera
Satanás, que ver al creyente alejarse de la cobertura para golpearlo lo más
fuerte que él pudiese y si pudiera retenerlo en aquel camino de error para
arrastrarle a lo más bajo que él pudiese, lo hará si usted le da esa oportunidad.
El acusador no puede
violar la cerca de protección del creyente, hasta que éste por alguna posición
comprometiendo su fe le de acceso.
Qué bendición pueblo
de Dios cuando se mantiene todas las puertas de acceso al mal cerradas, el
enemigo sólo puede tratar de violarlas, pero, no puede abrirlas, excepto que
usted la abra, no hay manigueta en la puerta de afuera de la puerta espiritual,
usted lo tiene dentro de usted.
Algo importante que
se debe de entender para un hijo de Dios, y aquello es, que si hubo
rebeldía para con su Hacedor, juntamente con los talentos que el Señor le
entregó, le confió para glorificarlo a Él y bendecirlo a usted, lo lleva
consigo y lo pone en servicio del maligno; ciertamente gemirá, empero, por más
bajo que haya llegado, gloria a Dios, el Señor no abandona su propiedad; usted
hará memoria, recordará aquellos momentos limpios, puros de comunión y
bienaventuranza que tuvo con su Señor.
Es que actuó como un
necio, mas, no lo es; procedió como un inconverso, sin embargo, no lo es;
trató de resignarse por la vergüenza de haberse alejando y habitar donde no
pertenecía, pero, nunca podrá allí quedar siendo un hijo del Rey. Recuerde que aún
aquellos con quien se asociaba, ellos saben que aquel no pertenece a su círculo,
porque, aunque procedió como ellos, aquel no es uno de ellos. Y todavía,
estando allí, únicamente desean extraer y abusar todo cuanto puedan, de lo que
en su interior ellos rechazan y del cual aquel forma parte, aun en aquella
deplorable condición.
Empero, llega un día
en donde no recibe ayuda ni aun en lo más bajo, no hay una mano amiga, porque
nunca estuvo rodeado de ellos, eran sus enemigos disfrutando de un creyente
extraviado. Y allí en donde se encuentra aquella vida en conflicto, recuerda
sus habitaciones atendidas por el Espíritu de Dios y su estado de hijo del
Todopoderoso, y se levanta porque dice o reconoce, que ha hecho lo malo y no
busca nada más que solo retornar a su relación con su Señor, volver a escuchar
su amorosa voz. Sólo poder allí estar, sin realmente nada esperar, únicamente
estar en su presencia, estar nuevamente en su manada.
Retorna el Espíritu
Santo a hacer su obra en su vida, porque le ha devuelto la razón, dirección. Y
se levanta y vuelve a Casa donde habita el Espíritu de Dios, y le confiesa que
está arrepentido. No se le presenta un pliego de todas sus faltas, el
Todopoderoso Dios, el Padre nuestro, lo perdona y lo vuelve a bendecir, porque es
hijo y sus ovejas vuelven a la manada.
Todos hemos estado
allí de una forma u otra en alguna etapa de nuestras vidas ya sea con acciones:
no representaban una persona guiada por el Espíritu de Dios; costumbres:
aun entretenía formatos paganos, sabiendo que debió desecharlo; tendencias:
caminos de venganza, violencia; escogencias: aun teniendo el no del Señor
se procedió ya sea a una relación, un matrimonio; afiliaciones: amigos y
cuantas cosas más. Pero, gloria a Dios volvió. Nunca debió haberse separado,
alejado, pero, volvió.
·
Traed becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos
fiesta, porque este mi hijo muerto era y ha revivido: se había perdido y es
hallado. Y comenzaron a regocijarse (Lucas 15:23-24).
Axioma: los errores
se presentarán, pero hacerlos tu forma de vida, es un indicio claro que nunca
fuiste hijo.
En el relato del hijo
pródigo, este nunca más volvió a separarse y mucho menos rebelarse, un espíritu
sumiso fue lo que permaneció a los pies del Señor, ya no tenía nada que buscar,
teniéndolo todo desde el principio. Si alguna vez le ha acontecido, ruego al
Señor que sea como lo del hijo pródigo que retornó, que igual el
arrepentimiento rija en su vida. Si aquello tratado en ninguna faceta se le ha
presentado, mantenga esas puertas cerradas, no le dé al padre de mentiras ni
una milésima de oportunidad para importunar su relación con su Señor.