martes, 20 de diciembre de 2022

UN HIJO SIEMPRE REGRESA A SU DIOS ¿DÓNDE ESTÁ?

  

Siempre pareciera que en la situación siendo hijos de Dios en la cual se está (ya sea esto pruebas de diversas naturalezas), pareciera como si de algo se está perdiendo, o que se podría estar haciendo algo mejor para lograr resolver, alcanzar, llegar.

¿Qué podría ser mejor? ¿Dónde hay algo mejor? ¿Cómo podría haber algo mejor fuera de la Casa o amparo de nuestro Padre Eterno?

Pero, así algunos pensamos o creamos esta fantasía del diablo y muchos lo vivimos, ya sea esto en la juventud, en la adolescencia, en los años maduros; de una forma u otra resolvemos consultando con nuestro libre albedrío, del cual nunca nos podemos fijar, y lo hacemos realidad para luego elegías o lamentaciones.

Y nos alejamos de la cobertura del Señor y emprendemos el costoso viaje. No hay nada más que espera Satanás, que ver al creyente alejarse de la cobertura para golpearlo lo más fuerte que él pudiese y si pudiera retenerlo en aquel camino de error para arrastrarle a lo más bajo que él pudiese, lo hará si usted le da esa oportunidad.

El acusador no puede violar la cerca de protección del creyente, hasta que éste por alguna posición comprometiendo su fe le de acceso.

Qué bendición pueblo de Dios cuando se mantiene todas las puertas de acceso al mal cerradas, el enemigo sólo puede tratar de violarlas, pero, no puede abrirlas, excepto que usted la abra, no hay manigueta en la puerta de afuera de la puerta espiritual, usted lo tiene dentro de usted.

Algo importante que se debe de entender para un hijo de Dios,  y aquello es, que si hubo rebeldía para con su Hacedor, juntamente con los talentos que el Señor le entregó, le confió para glorificarlo a Él y bendecirlo a usted, lo lleva consigo y lo pone en servicio del maligno; ciertamente gemirá, empero, por más bajo que haya llegado, gloria a Dios, el Señor no abandona su propiedad; usted hará memoria, recordará aquellos momentos limpios, puros de comunión y bienaventuranza que tuvo con su Señor.

Es que actuó como un necio, mas, no lo es; procedió como un inconverso, sin embargo, no lo es; trató de resignarse por la vergüenza de haberse alejando y habitar donde no pertenecía, pero, nunca podrá allí quedar siendo un hijo del Rey. Recuerde que aún aquellos con quien se asociaba, ellos saben que aquel no pertenece a su círculo, porque, aunque procedió como ellos, aquel no es uno de ellos. Y todavía, estando allí, únicamente desean extraer y abusar todo cuanto puedan, de lo que en su interior ellos rechazan y del cual aquel forma parte, aun en aquella deplorable condición.

Empero, llega un día en donde no recibe ayuda ni aun en lo más bajo, no hay una mano amiga, porque nunca estuvo rodeado de ellos, eran sus enemigos disfrutando de un creyente extraviado. Y allí en donde se encuentra aquella vida en conflicto, recuerda sus habitaciones atendidas por el Espíritu de Dios y su estado de hijo del Todopoderoso, y se levanta porque dice o reconoce, que ha hecho lo malo y no busca nada más que solo retornar a su relación con su Señor, volver a escuchar su amorosa voz. Sólo poder allí estar, sin realmente nada esperar, únicamente estar en su presencia, estar nuevamente en su manada.

Retorna el Espíritu Santo a hacer su obra en su vida, porque le ha devuelto la razón, dirección. Y se levanta y vuelve a Casa donde habita el Espíritu de Dios, y le confiesa que está arrepentido. No se le presenta un pliego de todas sus faltas, el Todopoderoso Dios, el Padre nuestro, lo perdona y lo vuelve a bendecir, porque es hijo y sus ovejas vuelven a la manada.

Todos hemos estado allí de una forma u otra en alguna etapa de nuestras vidas ya sea con acciones: no representaban una persona guiada por el Espíritu de Dios; costumbres: aun entretenía formatos paganos, sabiendo que debió desecharlo; tendencias: caminos de venganza, violencia; escogencias: aun teniendo el no del Señor se procedió ya sea a una relación, un matrimonio; afiliaciones: amigos y cuantas cosas más. Pero, gloria a Dios volvió. Nunca debió haberse separado, alejado, pero, volvió.

·        Traed becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta, porque este mi hijo muerto era y ha revivido: se había perdido y es hallado. Y comenzaron a regocijarse (Lucas 15:23-24).

 Sólo de Dios tendrá siempre el mismo recibimiento, porque en nuestras vidas siempre tendremos continuo arrepentimiento, y un hijo arrepentido es alegría para el Padre eterno.

Axioma: los errores se presentarán, pero hacerlos tu forma de vida, es un indicio claro que nunca fuiste hijo.

En el relato del hijo pródigo, este nunca más volvió a separarse y mucho menos rebelarse, un espíritu sumiso fue lo que permaneció a los pies del Señor, ya no tenía nada que buscar, teniéndolo todo desde el principio. Si alguna vez le ha acontecido, ruego al Señor que sea como lo del hijo pródigo que retornó, que igual el arrepentimiento rija en su vida. Si aquello tratado en ninguna faceta se le ha presentado, mantenga esas puertas cerradas, no le dé al padre de mentiras ni una milésima de oportunidad para importunar su relación con su Señor.

 

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