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Por el
resplandor de su presencia se encendieron carbones ardientes (2 Samuel 22:13).
No hay manera de poder dejar establecido en
palabras aquello que representa la santidad del Señor, del Todopoderoso Dios, el
Creador de los cielos y de la tierra.
Describir lo indescriptible en expresiones que sólo
tratan de ilustrar o describir lo que ante ellos está, el cual es poder como
nada comparado o igualado.
El resplandor, por el resplandor de su presencia
nada, absolutamente nada puede permanecer igual, nada puede permanecer en el
estado que antes estaba. Consume, altera; hace que de una condición
se pase a otra. Deja de ser lo que antes era, siendo totalmente transformado
dejando de ser o a un estado gloriosamente transformado.
La gloria de nuestro Dios es un fuego consumidor:
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Porque
Jehová tu Dios es un fuego consumador... (Deuteronomio
4:24).
Es de gran bendición cuando nuestro Hacedor le
plació hacer uso de una simple zarza y que el resplandor de su presencia lo
dejase arder. Dios estaba en medio de esa zarza, era fuego del Señor que allí
obraba y que no permitía que aquella zarza se consumiera porque allí estaba el
poder, el resplandor de su presencia. Únicamente podía arder aquel arbusto,
mientras que el poder del Creador allí estuviera tenía una obra especial,
atraer, servir como señal y estar en un estado indestructible, todo esto obra
de Dios en esa simpleza. Empero, cuando de allí se levantará volvería a ser un
simple arbusto, que tendría un principio y ciertamente un fin.
El resplandor de la presencia de Dios arde en
cualquier vida que por ello es alcanzado y el Creador le ha placido
depositarlo. Y mientras allí está su presencia arde, es usado como señal,
mensaje; medio usado para hacer ver y comprender que algo allí acontece con el
toque del Santo de Israel.
Tenemos un Dios que utiliza medios para que su
pueblo pueda percibir, un medio más para dar a conocer su grandeza o la
grandeza de su presencia. Lo que acontece cuando Él está, lo que continuará
ocurriendo en tanto Él está. Ningún estado o lugar puede permanecer estática,
inoperante estando su gloria presente. Hay obras evidentes que Él allí está, la
gloria de su presencia está y habrá pruebas irrefutables que el Todopoderoso
está allí.
El resplandor de su presencia nos habla de Él, nos
evidencia lo que es Él; nos hace pensar y reflexionar sobre Él. Todo atrae y
señala una sola dirección, y enteramente es para la gloria de Dios.
Empero, al igual nos deja contemplar que por el
poder de su resplandor todo cuanto está recibe cambio, no algo leve, pero, una
total transformación, pudiendo ser usado y usado en su mayor capacidad.
Los carbones ardientes fueron debido a la
intensidad del calor o fuego santo que recibieron por el resplandor, su
refulgencia, su emisión de algo así jamás visto, en dimensiones más allá de lo
imaginable; no hay resplandor humano que puede igualarse a lo que allí se
desarrolló.
Este es el Dios que actúa y procede a favor de su
pueblo, que deshace las olas de muerte, que deshace los torrentes de
perversidad, que desata los lazos del Seol.
Es Aquel que clamado en la angustia escucha, el que
nos socorre, librándonos de las aguas caudalosas. No hay enemigo del cual no
nos pueda librar, y guardarnos de aquellos que nos aborrecen, aunque estos
fueran más poderosos o fuertes humanamente.
Cuán grande es el Dios al que servimos, y ante Él
nos humillamos, el que nos llama hijos. Cuán grande es nuestro Hacedor, Creador
del universo, ¿qué puede haber imposible para Él?
Aunque ciertamente como pueblo suyo igual como
Israel nos atemorizamos, nos quejamos, nos olvidamos. Sin embargo, en medio de
todo aquello, su paciencia, piedad y misericordia encuentra camino para
bendecirnos.
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Me sacó a
lugar espacioso, me libró porque me amaba (2 Samuel 22:20).
Bendito sea el Señor que puede y encuentra
perdonar, corregir, aun a pesar de ser como somos y nos ama.
¡Oh Dios! El resplandor de Tu presencia encienda
por siempre a Tu pueblo para que podamos permanecer bajo los efectos de Tu
poder, igual como aquella zarza o simple arbusto que no dejaba de arder, y que
no se consumía porque allí estabas, tenías un propósito para con aquello y
hasta el tiempo que determinaras que sería permanece. Al igual como aquellos
carbones encendidos, llenos de Tu fuego santo, el resplandor de Tu presencia,
haznos arder porque evidencia es que allí estás. Y porque es Tu poder que arde
en las vidas de tus instrumentos seleccionados, toda gloria y honra te
pertenece, porque tuyo es por siempre.
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