Sal. 51:17 Los
sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y
humillado no despreciarás Tú, oh Dios.
Siempre
resulta interesante ver como nos allegamos al Señor, y de esto depende toda
nuestra relación para con Él. No será entendido jamás como nos podemos acercar
a un Dios Santo y puro, aún creyendo que podemos tener algún mérito o mirando
con algún aprecio a aquello que nos mantuvo alejados o desviados de Él en
nuestra vida secular o contrario a todo lo que Él ha establecido, dictaminado
que no debe de ser. Es probable que no se tenía conocimiento que esto no era
del agrado del Señor, pero, teniendo el entendimiento o el conocimiento que
aquello fue un instrumento de obstrucción en todo el sentido espiritual,
deberíamos mirar aquello con desprecio, ya que nunca nos acercó al Señor y mucho
menos permitió que su poder obrase en nuestras vidas. Sin embargo, el continuar
con una remembranza como si fuese algo de algún noble y merecido aprecio, tiene
una connotación de ignorancia espiritual o sobriedad espiritual, ya que todo lo
que mantuvo una vida separada de Él, tiene que ser mirado como un estado de
muerte y gloria a Dios por la nueva esperanza, nueva vida que ahora se tiene y
se mantiene por Él.
Cuando
hay genuino arrepentimiento, venimos ante su presencia:
1.
Quebrantados,
esto es entendidos que se estaba perdido sin Él en la condición en la cual se
encontraba aquella existencia, aunque esta hubiese sido una altruista y moral. Ya
que, no habiendo sido guiado e instruido por Él, todo estaba en camino de
pérdida total ante Él.
2.
Contrito, esto es
arrepentidos, dolidos y tristes por todo cuanto se ha hecho contra un Dios
Santo y bueno.
3.
Humillado, esto
es abochornado, avergonzado de las antiguas acciones que mantuvieron su alma
distanciado de su creador y dueño.
Estos
sacrificios son los reales ante el Señor. Esta es la actitud con la que se debe
presentarse a Él cada vez que se ha incurrido en pecado.
Un
recién convertido puede que no entienda con toda profundidad los sacrificios
aquí expuestos, pero, si ha llegado ante el trono buscando el poder restaurador
o cambiante de Dios para él a través de Cristo Jesús, no se allegará creyendo
que tiene algo para ofrecerle al Señor, empero está allí buscando algo que solo
el poder de Dios le podrá brindar y dispuesto está a ofrecer a todo aquél que
así busque en espíritu y verdad. Y el hecho es que lo ha de recibir siendo los
sacrificios que el Señor busca una realidad en su vida. Tiene que haber una
unificación de palabras y acción, de anhelo y entrega, petición y dedicación.
Dios
nunca despreciará estos sacrificios, son de olor grato para Él, ya que con esta
acción nos hemos despojado de todo lo que obstruye ver la verdad y siendo
recibido por Él, quedar asido de ella.
Sacrificios
son renuncias, ofrendas y entregas que presentamos al Señor con la finalidad de
residir con Él en comunión.
En
muchas instancias, hay palabras que se expresan, pero huérfanas de acciones u
obras que las acompañen y reiteren que el manifiesto es del alma misma.
Sólo
cuando el hombre este dispuesto a humillarse a su Dios, y renunciar a todo
aquello que estaba o formaba parte de su lista como prioridad, mas ahora
desplazado porque el Creador es el que está en el trono o el centro de todo cuanto
rija esa vida, entonces y solo entonces es que estará encamina a grandes y
mejores cosas a través de aquél que lo amó y entregó su vida por él.
Una vida
sacrificada al Hacedor es una existencia sin límites, sin fronteras; el Rey de
Reyes tiene acceso a todo, en todo tiempo y lugar. Es una vida en constante
negación declarando en medio de toda su acción: Gálatas 2:20- Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,
mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del
Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
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