1 Samuel 17:24- Todos los hombres de Israel que veían a aquel hombre huían de su presencia y sentían gran temor.
Todo un país aterrorizado, rey incluido. Nadie podía pensar, reposar, descansar. Ante las amenazas o el reto del paladín, todos se veían como hombre muerto, esto es cualquiera que se enfrentara a aquella amenaza que era el gigante.
En medio de todo el temor que los mantenía acorralados, vencidos antes de iniciar, esta era la actitud de Israel ante el reto de Goliat.
Un ejército formado por miles de hombres en escuadrones o compañías, todos atemorizados. Dice la Palabra que los hombres decían, ¿No habéis visto a aquel hombre que ha salido?
El pueblo ya estaba intimidado, aunque aún no se había llevado acabo el encuentro o desafío, ya en la mente de ellos ya estaban vencidos, la actitud, la conducta era de unos hombres derrotados y sin esperanza.
¿Alguna semejanza con la manera que en muchas instancias se enfrentan los retos o desafíos de la vida?
Este es el pueblo escogido de Dios, pero, con la mentalidad de huérfanos o condenados. Para ellos, su actitud declaraba que no tenían esperanza ni salvación alguna.
Llega un pastor cumpliendo una encomienda de su padre, al llegar él ve que hay un acontecimiento, ya que estaba en medio de todo el proceso del conflicto. Y mientras todos temblaban y ya estaban sometidos mentalmente al adversario. Este joven llega descansadamente entre todo lo que allí acontecía y después de escuchar lo que se había desarrollado y aquel que tenía todo el ejército de Israel mentalmente derrotados, hace una declaración que pone todo en el contexto que siempre debió de estar desde el inicio.
David hace esta pregunta: ¿Quién es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?
Un solo hombre hizo la diferencia entre todo el ejército de Israel, hizo que todo tomase otro matiz y se presentara la respuesta.
En esto consistió la diferencia:
1. Todos miraban
a la gran estatura del adversario, David miraba la grandeza que era y es formar
parte del pueblo de Dios.
2. Todos miraban
al adversario como una gran amenaza, David lo miraba un gran ejemplo para dejar
sentado la grandeza de su Dios.
3. Todos estaban
amedrentados con las declaraciones del enemigo, David estaba confiado en todo
aquello que ya de su Creador había aprendido.
4. Todos estaban
acorralados por el oprobio que estaba sobre ellos, David estaba libre y en paz
por el poder del Hacedor que lo acompañaba.
Cuando se pierde perspectiva de quién es su Dios, bajo qué poder está, quién es el que pelea sus batallas, quién es el que da la victoria; y que mayor es el que está en usted que el que está en el mundo (1 Juan 4:4), ya usted está vencido.
Mantenga presente que su victoria no depende de quienes lo rodean, depende del que en usted habita. No depende de las armas, sino, del que lo ha adiestrado para la batalla. No depende de estrategias, sino, de sometimiento a su Dios.
Con aquello que el mundo menos espera o el adversario espera, con aquello mismo el Señor los vencerá.
Mientras más grande sea el adversario, mayor será la gloria para el Creador, ya que utilizó a un hombre común y corriente, mas, con un Todopoderoso Hacedor.
Un solo hombre hace la diferencia con Dios, sin importar cuan numerosos sean los enemigos, con la fe y confianza de un solo hombre el Señor hará proezas.
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