Mientras Dios extiende misericordia, hace cubrir de su bondad infinita, imparte de su gracia o favor inmerecido a todos, se hace referencia de Él como si no existiese, como sino tuviese el poder para impedir o detener el mal o los hacedores de maldad.
Porque el Soberano no ha actuado conforme a la maldad,
no implica esto que no ha de proceder, no significa que hay un tiempo fijado
para ello. Es que el hombre no ha entendido aún es que el Señor se complace en
extender piedad, oportunidad. Eso no es debilidad o ausencia de autoridad. Es
todo lo contrario, es una manifestación clara y evidente de su amor para con el
mundo, su creación.
El Hacedor deja claramente establecido que su deleite
es dar vida, es bendecir, hacer florecer, alumbrar. Sin embargo, las acciones o
el pecado del hombre, el rechazo a lo que el Creador ha establecido ha traído
como consecuencia todo cuanto el hombre atraviesa, no enviado por Dios, empero,
provocado por el hombre que vive sin arrepentimiento.
Ezequiel 18:32- Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el
Señor; convertíos, pues, y viviréis.
Hay oportunidad para la
reconciliación con el Todopoderoso, a través de su Hijo Jesucristo, quien se
entregó en ofrenda o sacrificio por el pecado, ¿de quién? El suyo y el de
todos, ahora bien, bajo su admisión o aceptación de su estado y el
arrepentimiento de sus obras contrarias al bien, podrá recibir el perdón, a
través de ese periodo de tiempo que el Padre Celestial le ha extendido a todo
hombre, empero, pocos le dan uso a esa oportunidad brindada. Por ende, la acción al no proceder con justo
juicio contra su mal estado, le hace poder entender que le extendió un periodo
de gracia para que pudiese dar un giro hacia Él.
Ahora, cuando el Juez se levanta y procede con sus
justos juicios contra las acciones del hombre, después de haberle extendido
tiempo de arrepentimiento, surgen los otros interrogantes en donde el hombre
levanta el argumento del cómo un Dios de amor pudo haber obrado con castigos,
eventos que de por sí levanta o provoca el pecado.
Dios no está confinado a nada, el Señor no se limita o
justifica su proceder; un Dios justo jamás tiene que hacerlo. Su voluntad fue
dada a conocer, la transgresión de ella tiene su castigo, entonces, todo es
totalmente transparente y claro, el pecado siempre conllevará muerte, la gracia
de Dios siempre trae consigo vida u oportunidad.
El Soberano en
su majestuosidad se mueve, hace ver con suma claridad lo que Él es el Dios de
los imposibles y que Él reina en las alturas y rige, sobre todo. No necesita
pedir consejo, consentimiento o permiso, Él es el Autor de todo cuanto existe,
sin Él nada sería, irrelevante de lo que el hombre crea o practique, rechace o
acepte.
Miqueas 1:3- Porque Jehová sale de su
lugar, desciende y camina sobre las alturas de la tierra.
El hombre cree que puede resistirse u oponerse al
Hacedor. Solo hay que hacer remembranzas de todos aquellos que a través de la
historia trataron de enfrentar al Todopoderoso y todos ellos se derritieron
bajo sus pies, queriendo esto decir que nada pudieron o podrán hacer contra la
voluntad y el señorío del Señor.
4- Los montes se derretirán debajo de Él y
los valles se hendirán.
Si la naturaleza, el universo no representa ningún
poderío o resistencia, es más, se someten a su Creador, cuánto más el hombre
con todos sus adelantos, nivel de inteligencia o poderío, podrá resistirse a su
Hacedor.
Es que el hombre en su condición de rebeldía,
apostasía, entregado y esclavizado por el mal, cree poder resistir o combatir
contra su Creador.
La supremacía (una de las grandes potencias de aquel
entonces), soberbia, y obstinación de Egipto contra el pueblo de Dios, provocó
su destrucción parcial o juicio del Todopoderoso sobre ellos.
El desafío de Sodoma y Gomorra, determinados en su
vida de perversión, homosexualismo, lesbianismo, y cuantas otras depravaciones,
provocaron su destrucción total sobre la tierra.
Y tantos otros que trataron de oponerse al Señor y
ellos, no el Hacedor, dejaron de ser.
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