Absolutamente nada el
Señor ha dejado a la discreción o razonamiento del creyente, todo ha sido
diseñado para que toda vida de los seguidores de Cristo puedan ser más que vencedores
a través de Aquel que los amó.
El hablar del hombre,
su medio de comunicación o aquello que comunica jamás está en la dirección
correcta, el pensamiento altruista se acerca, sin embargo, jamás acertará
porque la Palabra de Dios es el único medio para estar en la voluntad del
Hacedor. Por ello es que ordena a su pueblo:
Efesios 5:19…hablando
entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y
alabando al Señor en vuestros corazones;
5:20- dando siempre
gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
¿Con cuántos hermanos
realmente usted ha podido tener la bendición, hablando entre el pueblo que
pertenece, que conoce al Señor, en forma completamente diferente a la manera
con los que no conocen o tienen a Jesús como su Salvador?
Algún hermano diría,
significa esto que ¿no podemos tener una conversación normal? La retórica sería
¿Qué es normal? ¿Considera usted que obediencia al Creador es anormal?
El mundo habla en
términos y configuraciones basados en capacidad humana, conocimiento y
perspectiva humana, excluida de toda intervención o gloria divina. Habla sobre
su propia agenda y complacencia. Sus logros y alcances no atribuidos al Señor,
pero, al “poderoso yo”, lo que he podido hacer y lo que he podido lograr.
Una conversación
sostenida con el mundo puede estar repleta de conocimiento y capacitación, ya
sea esta con hombres ilustres, doctos, y tantas otras disciplinas, empero, sin
ninguna honra y gloria al Señor. Tiene su lugar y su valor humano, mas, para la
fortaleza del creyente y la eternidad no ha llegado o llenado la medida.
Sin embargo,
comunicación entre creyentes debe consistir en edificación, crecimiento,
exhortación. Respuestas, comentarios basados en la sola Palabra de Dios,
aprobación y estructuración divina. El mínimo alejamiento de ella es corrupción
o desatino. Posible es que algún creyente sin mucha solidificación espiritual
diría, ¿No le parece que está siendo sumamente extremista? La respuesta es un
inminente no.
Cuando está en preparación
una dosis de medicamento, cada componente tiene, no posiblemente, tiene que
estar a la medida, de no ser así aquello que debió curar o mantener aquella
dolencia en balance, puede resultar en muerte. La Palabra de Dios
está en la medida exacta para dar los resultados que sólo Dios puede garantizar
un cien por ciento.
·
2 Timoteo 3:16, 17- Toda la Escritura
es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra.
Siendo la las
Sagradas Escrituras inspiradas por Dios, enviados de su trono, ecos de su verdad,
imperecedero y lo que siempre será, ¿Porque añoraría algún creyente divagar en
cualquier otra dirección que lo alejaría de la verdad y lo que bendice y favorece?
Todo cuanto hacen las
falsas creencias giran en torno a lo que creen, se mantienen alejados de la fe
cristiana, no toman nada prestado de ella porque para ellos aquello sería
conflictivo. Pero, triste es que algunos creyentes que son carnales o
comprometedores, un tanto de esto y de aquello, a esa actitud se le llama
desobediencia, una vida comprometedora.
¿Cómo podrías
agradecer al Señor por haberte comprometido? ¿Cómo poder agradecerle por aquello?
Por haber dado lugar a aquello que en nada edificó su vida o vidas, haciendo
ver al pagano más devoto o entregado a su maldecida condición, y el creyente
comprometiendo santidad.
Debemos sólo darles
lugar a nuestros labios, palabras para que estas alaben al Señor en medio de
dificultades y en medio de victorias. Enfatice la Palabra, …dando siempre
gracias por todo…Por aquella salida preparada de la fuerte prueba, por
la sanidad que es en “Él Sí y en Él amén”.
Si usted como
creyente no puede o no ha atendido a esta ordenanza espiritual ha violado
aquello que le permitiría hacer eco de aquello que lo eleve y enmarque su
adoración. Todo lo que glorifique a Dios lo levanta. Lo ubica
en la categoría de alabar sólo a Dios, darle la honra y la gloria que sólo a Él
pertenece, la estricta atención que le pertenece y usted como creyente debe
siempre ofrecerle.
Si realmente se examina
aquello que en instancias o para algunos continuos errores hacia su Dios
expresan o declaran, se reconocería que no es posible servirle y obedecerle, no
es posible glorificarlo si las palabras, las lenguas entretienen otra tonada
que no sea alabanza. Por esa razón se tendría que pedirle que lo ayude o que le
socorre, para que su voz sólo o en diálogo celosamente cumpla con su ordenanza,
porque su fortaleza depende de ello y su victoria sobre todo lo adverso que lo
confrontará y tratará de derribarlo.
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