Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo (Filipenses 3:2).
Una forma o una
expresión bastante fuerte, ofensiva, pero propio de la forma en que se hacía
referencia a los gentiles o paganos…” guardaos de los perros…”
Sin embargo, la voz
activa, violenta para el pueblo de Dios, no sólo para los de la iglesia en
Filipos (esta fue la primera iglesia cristiana de Europa, en ciudad de Macedonia,
en el norte de Grecia), empero, para los redimidos del Señor, “guardaos”,
cuídense, estén advertidos, no dejen de permanecer en posición de alerta, están
al asecho y muchos son alcanzados por ellos. Fue el clamor, la voz de alerta en
los tiempos bíblicos, y es la misma voz de alerta hasta que llegue Cristo,
porque el diablo continua con la misma agenda.
En medio de vuestra
profesión de fe guárdense de los malos obreros, de aquellos que tienen sus
ritos u observaciones paganas, evítenlos todo cuanto puedan, porque para ellos
la perdición es su mejor camino. Continúan siendo el prójimo, pero, no son las
compañías que se deben guardar.
En instancias vemos a
hermanos tan identificados y asociados con aquellos que no deben, y la pregunta
que surge de inmediato, ¿Quién está influenciando a quién? ¿Quién
siguiendo a quién? El imperante es, “Guardaos”.
El pueblo de Dios son
los que en espíritu le sirven a Él y se glorían en Cristo Jesús, no confinados
a la carne. Todo creyente si lleva a cabo un inventario personal a estas
alturas ya sea inicial o avanzado en su caminar con Cristo, ya se percatará o
se habrá dado cuenta que la carne jamás glorificará al Señor si no es
antepuesta o es sobrecogida por el Espíritu de Dios.
Gloriarse en la carne
siempre será un camino en la cual no se ha entronado al Señor en aquella
trayectoria.
Sin embargo, cuando
se camina en el sendero trazado por Cristo, todo aquello que se tenía en gran
estima, cobra menor importancia, es considerado irrelevante con tal de adquirir
la excelencia el conocimiento de Cristo.
·
Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como
pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor
a Él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo…
(Filipenses 3:8,9).
Esta debe ser la suma
de todo cuanto se posee, “…las estimo como pérdida, todas las cosas…” ¿Es esta
su realidad ante cualquiera que haya sido la posesión que le haya confiado el
Señor?
La excelencia del
conocimiento de Cristo Jesús, no se obtiene por un deseo. Se adquiere
escudriñando la Palabra de Dios, se adquiere a través de una relación con Él,
mediante una vida oracional. ¿Tiene algún depósito en estas áreas en su vida?
Seguro estamos que si usted tuviera oportunidad de conocer a alguien que usted
estima importante, mientras más tiempo pudiese estar con él así lo haría. Permítame
hacerle saber que usted ya conoce a la persona más importante del universo,
empiece a hacer más depósitos hacia Él y con Él.
Todo en la carne
pierde su valor, es considerado como desperdicio, para adquirir o ganar, crecer
en Cristo. Las cosas materiales tienen su importancia, mas, no son
imprescindibles, el imprescindible es Cristo en las vidas.
Axioma: Puedo
perderlo todo humanamente, pero, nada he perdido si lo tengo a Él.
Esto debe ser un
paradigma o modelo para nuestra fe. El pueblo de Dios no se basa en su
propia justicia, sino aquella que se adquiere por su fe y conocimiento en
Cristo, esta justicia es la que procede de Dios y se basa en la fe; esto es el
vivir del creyente, por fe y para darle lugar a la fe.
El creyente no únicamente
reconoce y entiende que ha llegado, logrado, alcanzado, gracias a Dios; sino
que al igual es su forma de expresarlo, de ventilarlo: Si no por el Señor, no
habría pertenencias.
El Señor, ordena a su
pueblo que se guarden, que estén atentos y velando. El pueblo de Dios debe
poder declarar, entendemos que siempre avisados tenemos que estar, permanecer.
Se elevan las voces
de gracias, agradeciendo al Señor por su voz de alerta, de advertencia, porque enterado
se está y se está en conocimiento de cuánto desea el Padre ver a los escogidos
llegar, y entretanto venciendo todo obstáculo que el enemigo ha tratado de
presentar, gracias por la voz de alerta que siempre envías a los tuyos, Tu
revelación.
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