El mundo hace una pausa
todos los años, y se celebra el día de los enamorados, el día de la amistad. Es
encomiable lo que se hace, regalos, salidas, invitaciones. Pero, después de la
fecha todo vuelve a su curso, y posiblemente se acordarán seguir amando.
Básicamente lo que representa es una celebración, no una forma de vida.
La norma del mundo no es
manifestar amor, se manifiesta realmente de todo excepto amor, de ser esa la
realidad todo sería totalmente diferente. Sin embargo, es el mundo en el cual
se habita a consecuencia del pecado que habita en el plano humano.
Para el creyente, para
los seguidores de Jesús, los redimidos por la sangre del Cordero tienen una
realidad alejada de las celebraciones y realmente es su forma de vida. Algún
manifiesto contrario, lo que surge de inmediato o el interrogante que se presenta
es, ¿Realmente tiene usted una vida sometida al Señor? ¿Por qué? Las Sagradas
Escrituras deja establecido estas realidades para todo creyente.
1. 1,
Juan 13:34- Un
mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros, como Yo os he amado, que
también os améis unos a otros.
Lo
que declara el Señor no es una sugerencia, no es un concejo, es lo ordenado por
el Salvador, el Hijo de Dios. Lo ordenado es esto, que
el amor que ustedes manifiesten tiene que ser los 365
días del año, no parecido a lo visto de ningún otro lugar,
sólo conforme a lo que recibieron, quedó en evidencia de Él. Por ende, su
capacidad de amar lo ha recibido de Él, y tiene
que ser a la altura de lo que hizo el Señor. No está confinado en su limitada
capacidad de amar, ya que su amor es selectivo. Lo que ordena
el Señor es que se amen unos a otros. Es lo que tiene que emanar de usted
naturalmente, ya que su nueva
naturaleza proviene del nuevo hombre que habita en usted, Jesús es el nuevo
hombre en usted (…mas ya no vivo
YO,
más Cristo vive en mí.)
2. Juan
13:35-En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los
unos por los otros.
La huella inconfundible
de los que pertenecen al Señor es el amor, no un sentimiento que procede de
uste, mas bien, el amor que procede de la presencia de Dios que mora en usted
gracias a Cristo Jesús. El aporte de su amor sería condicional, la que procede
Señor no hace acepciones y no se cancela.
Si aún usted no
ha entendido que el amor de Dios, el amor que procede de Él no tiene
barrera ni fronteras. El amor que Jesús manifestó no tiene barrera ni
fronteras.
3. Mateo 22:37-Y
Jesús le dijo: Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.
4. Mate22:38-
Este es el primero y grande mandamiento.
Amando
a Dios sobre todas las cosas, su amor se ha de manifestar en usted sobre los
que Él ha declarado que
debe de amar. Porque, es imposible
amarlo a Él, y repudiar u odiar a los que Él creó.
Su
amor para con Él se somete y se humilla ante Él en todo cuanto
usted lleva a cabo, porque usted ha entendido que es para su gloria y su honra.
5. Mateo
22:39-
Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Amar
a su prójimo como a si mismo implica sometimiento a Dios,
usted no lo puede llevar a cabo en su amor humano. Es que cuando usted
mantiene en perspectiva que fue por el amor del Señor que usted ha sido salva,
rescatado de su vieja manera de ser. Entonces reconocerá y podrá apreciar
que los que tiene ante usted necesitan de ese mismo amor que lo rescató. Los
hermanos de la fe en las que no han permitido que
esto se a su realidad, usted se podrá percatar que,
si esa obra maravillosa lo hizo el Señor en usted, no lo abandonó, igual hará
en sus hermanos aún inmaduros
espirituales que necesitan incrementar en el Señor, su relación para con Él.
6. Mateo 22:40- De
estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.
El amor manifiesto de
Dios en su vida depende su sometimiento, entrega y obediencia. Y porque Jesús
vive en usted, el amor que Él manifestó, será el que igual podrá manifestar, ya
que será impartido y dirigido por Él, porque usted en su capacidad human no lo
puede hacer y mucho menos allí permanecer. Sólo será una celebración, no una
forma de vida que sólo lo hace realidad Jesús en su vida.