A través de miles de años el diablo y sus huestes infernales han estado tratando de resistir y han proliferado sus movimientos y todos sus adeptos a sumarse a la oposición de las obras de Dios y el intento de tratar de llevar acabo similitudes con las maravillosas acciones del Señor. Igual que el faraón de Egipto soberbiamente con sus actos de desafío, sus prácticas del mismo infierno, desafiantemente preguntan como el faraón:
¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? (Éxodo 5:2).
Toda una ola se ha levantado a través de la historia de la humanidad, con la misma acción desafiante, el mismo proceder tratando de retar o desafiar al Soberano Dios y sus obras maravillosas.
El faraón escuchó las palabras de Moisés y Aarón, pero más interés había o radicaba en permanecer en su posición de ignorancia tratando de retener su autoridad ejercida y su dominio contra aquellos que dijo el Supremo Dios que no más sería.
Empero se asemeja de igual manera el proceder del creyente cuando abiertamente en conocimiento que está violando las ordenanzas y los estatutos divinos, y aquella acción contraria en la que se incurre levanta aquella irreverente pregunta: ¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz o acate sus ordenanzas? Aunque no expresada, pero vivida con las acciones, escogencias y procederes no bendecidas por Él, ya que no se ajustan o encajan en lo que expresamente ha estipulado en su Palabra.
Una y otra vez se incurre en el mismo error, se vuelve a ubicar aquél en rebelión contra Dios en la misma posición en donde se ha de recibir el impacto de la ira y el juicio del Hacedor por incidir en la misma inversión de ignorancia.
Ante la primera señal del Señor ante el faraón:
Y echó Aarón su vara delante del faraón y de sus siervos, y se convirtió en una culebra (Éxodo 7:10).
¿Por qué habrá elegido Dios que la vara se convirtiera en una culebra? Pudo haber sido una blanca paloma, el cual el faraón no era y tampoco ejemplificaba su reinado. Pudo haber sido una oveja, pero este rey realmente era una cabra, ya que con los cuernos este creía que podría golpear y librarse de las señales del Todopoderoso.
Pero el Señor con su primera señal después que las palabras de Moisés y Aarón fueron expresadas o dadas como el Creador lo ordenó, era realmente a lo que este gobernante se asemejaba, una culebra en peligro para consigo mismo.
Examinemos las semejanzas del faraón a la luz de la Palabra con la serpiente frente a él:
· Veneno tienen, como veneno de serpiente, son como la víbora sorda que cierra su oído (Salmo 58:4).
Envenenado estaba el faraón con los tóxicos del misticismo, dioses paganos, hechicerías y cuantas obras del diablo. Y al igual ante las palabras de los enviados de Jehová, soberbia, rebeldía y sordera fue su respuesta ante la petición o la ordenanza del Dios de Israel.
· ...y al que aportille el vallado, lo morderá la serpiente (Eclesiastés 10:8).
El faraón trató de romper o desarreglar aquella unión de Dios con su pueblo, y en medio de su acto blasfemo recibió la mordida de la serpiente del juicio divino.
Jehová anunciaba al faraón que juicio había llegado a su reinado y a su obstinada y desafiante postura y camino escogido.
No se acató a las palabra y a la orden del Soberano, ¿cuán sordo e indiferente se podrá permanecer ante los manifiestos y escogidos juicios del Hacedor? (Jeremías 8:17)
Primeramente hubo palabra, luego la semejanza de su posición tomada le fue revelado en la primera señal del juicio que se presentaría.
Para el faraón aquel milagro no representaba ninguna señal ya que por las prácticas paganas y las hechicerías, ya estaban habituados a esos rituales del diablo y sus manifestaciones en bestias o animales, “ya era algo familiar”, por lo menos así este pobre hombre creía con aquello que tenía frente a él.
Procede a llamar a sus “sabios” y hechiceros de Egipto con sus encantamientos, y cada uno echó su vara las cuales se volvieron culebras; “pero” y esta es la gloriosa salvedad, “aquel pero”, en medio de todo cuanto allí acontecía ante todos. Las serpientes del diablo fueron devoradas por la vara de Aarón nos relata la Palabra.
Y aun ante este hecho el faraón permaneció en la misma posición de obstinación y de sordera, petulancia ante la voz de Dios.
Tuvo un avance el faraón, este se acercó más a su propia destrucción.
Nos habla el Señor, envía señales, y cuando la obstinación es el actual acompañante entonces envía juicio. ¿Era el propósito de Jehová conducir a juicio o lograr que se evitara?
Y luego cuando se es alcanzado por el producto del castigo provocado surgen el por qué de esto o aquello: ¿cómo pudo el Señor enviar esto sobre...?, la retórica o el argumento realmente es, ¿cómo puedo ser tan ciego y sordo a la voz y a las señales de advertencia del Creador? Habiendo escogido y vivido en escombros, cuando se pudo haber beneficiado de todo aquello que tenía preparado el Hacedor.
El faraón tuvo que sufrir y finalizar en muerte, camino escogido por él en su rebelión contra el Único Dios Real, el Único Soberano. Trató de impedir, luego de detener lo que él y ningún otro hombre o imperio, ejércitos o poderíos podrán lograr; y esto es que se cumpla la soberana voluntad del Creador y aquello que Él ordena.
Hay tanto que se trata de asemejar o igualar a aquello que hace el Señor, empero siempre la acción del Señor terminará destruyendo todo aquello que no tenga su sello de legitimación.
Los enemigos de la fe podrán hacer uso de sus encantamientos y cautivarán, tendrán adeptos. Pero nada de esto se compara o podrá prevalecer contra lo que ordena Dios, nada podrá detener o frustrar lo que Él ha dictaminado. Ellos serán pronto historia, pero la voluntad de Dios es eterna.