1 Pedro 4:3- Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.
¿Quién habiendo recibido una nueva localidad en donde
todo es de bienestar preferiría volver a la condición infrahumana que se vivía
espiritualmente?
Sino ha habido una separación entre lo pasado y lo
presente, sino se puede trazar con toda claridad las cosas viejas de la nueva
naturaleza obtenido a través de Cristo, entonces algo dentro de aquella vida no
está fundamentado en la veracidad de lo que hace el poder de la salvación,
transformación, liberación que se lleva a cabo en todo aquel que tiene a Jesús
como el nuevo hombre en sus vidas.
Algunos profesan la fe cristina, pero, no hay manera
de poder establecer la diferencia en lo que eran y lo que deberían ser desde el
momento que fueron sumados a los salvados a través de la sangre de Cristo, a
través del perdón y liberación que hace el Señor en toda vida que a Él se
somete, se entrega y busca de su poder que los hace una nueva criatura a través
de su presencia en todo aquel.
El viejo andar era comprometido con la agenda del
mundo, el proceder conforme a lo que todos hacen, hacia lo que gravitan, y
comprometidos con todo aquello que en nada honra a Dios, más bien todas son
afrentas ante Él, y los nuevos hombres, la nueva naturaleza cristiana no le da
lugar, no lo entretiene.
·
El caminar en lascivia (lujuria, erotismo,
sensualidad, deshonestidad, impudicia, liviandad, obscenidad): Esta era la
antigua forma de vida que regía, tuvo el control; empero, en una vida alcanzada
por el poder de la salvación, aquello ya no convive, no se practica, perdió su
dominio sobre la nueva naturaleza en Cristo. De ser que esto no es su verdad,
entonces es cuestionable si realmente ha entregado su alma, su vida al
Redentor.
§
Gálatas 5:19- Manifiestas son las
obras de la carne…
Cualquiera que permanece
bajo este mal o yugo, no procede conforme a lo que el Espíritu de Dios hace en
el hombre liberado.
Para aquel que obra, opera según el
Espíritu no le da cabida a nada que no honre a su Señor.
§
Gálatas 5:16- Digo, pues: Andad en el
Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne…
·
Que prevalezca la concupiscencia, el cual
es un apetito desordenado de placeres. Como para algunos en la sociedad, todo
es válido, cómo dirían algunos, si se siente bien, para ellos no hay mal en
ello.
Para el nuevo hombre transformado por
la presencia del Cristo en su vida, aquellas viejas costumbres o prácticas el
cual, si se agrupa en lo que es condenado por Dios, para el creyente es
inaceptable y con mayor razón sin volver a darle lugar en sus vidas a aquello
que con anterioridad los tenía esclavizados.
Toda vida impactada por el poder de Dios, hay
evidencias de cambio de dirección, conducta, proceder, escogencias. Todo le es
hecho nuevo, es un giro de 180 grados, el cual es un giro perfecto, han quedado
ahora en dirección a servir y enaltecer a su Hacedor en todo.
Basta ya de las viejas tendencias, no hay una
convivencia con el bien y el mal, ese vínculo. Como a bien sabemos nadie puede
servir a dos Señores.
Efesios 4:22- En cuanto a la pasada manera
de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos
engañosos…
Esta es la realidad tocante al rescatado de la vida
pecaminosa que se vivía, el vínculo del pasado, la antigua naturaleza inmunda,
con deseos engañosos, aquello que era un deterioro para su existencia tanto
espiritual como físico tiene que dejar de tener el control de esa vida. ¿Cómo y
por qué? Porque el poder salvador de Jesús, desaloja el viejo habitante, y hace
todo nuevo, aquello que antes atraía, aquello que antes controlaba, aquello que
mantenía sujeto a la persona, el poder de Dios ha llevado a cabo la liberación
de todo aquello.
2 Corintios 5:17- De modo que si alguno está
en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas
nuevas.
La nueva naturaleza es una realidad para todo aquel
que ha recibido de Jesús aquél nuevo nacimiento o transformación de un hombre
meramente carnal a un ser con sensibilidad y complacencia espiritual, su temor
e interés es aquello que agrada a su Dios.
Basta ya de vivir de tal manera que la ambigüedad es
lo que prevalece en su caminar con el Señor, en donde no se ha podido determinar
quién realmente es usted por su inestabilidad en las cosas espirituales. En donde
fácilmente es confundido con cualquier otro excepto un representante del Señor
Jesucristo.