Todo cuanto Dios ordena es para que pueda haber siempre una comunión sin
interrupción con Él, para evitar que haya contaminaciones, para evitar que un
mal continúe proliferándose y muchos más queden afectados. Porque la obediencia
a Dios detiene la contaminación.
Tanto hombres como a mujeres echaréis; fuera del campamento los
echaréis, para que no contamine el campamento de aquellos entre los cuales Yo
habito.
Así lo hicieron...como Jehová lo dijo... (Números 5:3, 4)
Es de entender que como pueblo de Dios, cualquier lugar en que usted
está, está en la presencia del Señor. Es de proceder el ser completo y
totalmente protectivo de todo aquello que sabemos que pueda ya sea fácilmente o
sutilmente adentrarse y apoderarse infectando tanto el pensamiento,
progresivamente el comportamiento y continuar infectando todo aquello que
abarca su vida.
La orden de expulsión fue dada para mantener la lepra controlada, para
evitar que continuase su camino de propagación, juntamente con las instrucciones
de las impurezas sexuales. ¿Significa esto que el amor de Dios no tiene interés
por estos? El amor del Señor es
igualmente por todos, pero, cuando llegamos al punto de poder afectar o
infectar a otros con nuestro estado de vida escogida y las consecuencias de
estas, es inevitable la separación. El pueblo que recibió las instrucciones de
separación estaba bajo el amor, cuido y la protección divina. Aquellos
apartados estaban bajo el amor de Dios y su misericordia para con ellos aún a
pesar de su condición.
Tome en cuenta o considere que esta orden no se confinaba a nadie en
especial en el término de si fuese familia, conocidos, amigos o un miembro de
la familia de Dios en tendencias que podrían y son contaminantes para la vida
tanto física, como espiritual.
Considemos la lepra espiritual que hay que echar fuera del campamento, ya sea esta su
hogar, iglesia, círculo de amigos, familiares:
1. Aquél que no anda en integridad y no hace uso o
practica la justicia. El que ha hecho del engaño su forma de vida.
2. Aquél calumniador, que siembra cizaña.
3. Aquél que se deleita en hacer el mal o hacer
sufrir a su prójimo.
4. Aquél que no puede habitar en paz con su
prójimo, vecino.
5. Aquél que vive una vida indigna, y se burla de
los que honran o temen a Dios.
6. Quien su dinero da a usura.
La única asociación de un creyente con los tales es para ser un factor
cambiante en sus vidas o una influencia de bien.
Al separarlos o distanciarnos de ellos, de ninguna manera implica que no
permanece la responsabilidad de orar por ellos, y estar dispuestos a
extenderles oportunidad en los cambios que vayan llevando en sus vidas. Empero,
la continua asociación no siempre logra levantar a ese caído que obstinadamente
permanece en su estado de enfermedad espiritual. Porque de no ser prudente,
fácil presa podría resultar aquél que no se mantiene avisado.
El Espíritu de Dios desea habitar, moverse entre su pueblo en cualquier
lugar en la que ellos se encuentren, mas, el creyente tiene una
responsabilidad, y esta depende de nuestra obediencia y cumplimiento de aquello se requiere para que sea una realidad.
Mis amados tenemos que estar pendientes dónde estamos y con quién
estamos, si aquel lugar, tanto como aquella asociación permite que el Señor
permanezca en su Señorío sobre todo, habitando ya sea en el campamento, su
Templo, su hogar, su familia. Y la única forma de mantener esto un hecho es
echando fuera todo lo impuro y contaminante.
No busque apoyo y vínculo con aquello que nuestro Señor ha prohibido, de
hacer lo contrario, esta acción dejará manifiesto que posiblemente usted sea
uno de los que deben de ser echados fuera hasta que haya restauración y no sea
un impedimento dentro del pueblo que para que el Señor habite, bendiciendo y
guardando de todo mal a su pueblo.
Ciertamente Dios ama a todo hombre, al hombre en su estado de perdido,
igual a su pueblo redimido. Pero, para el Señor, hay una separación y una
división que exige para aquellos gravemente o grandemente infectados, para que
no interrumpan las bendiciones de los demás. El Señor ha instruido, la
obediencia es el camino que echa fuera o detiene las contaminaciones o las
infecciones espirituales.
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