martes, 2 de enero de 2018

EXPULSIÓN DE LO IMPURO (EL CREYENTE TIENE QUE SER SELECTO)



Todo cuanto Dios ordena es para que pueda haber siempre una comunión sin interrupción con Él, para evitar que haya contaminaciones, para evitar que un mal continúe proliferándose y muchos más queden afectados. Porque la obediencia a Dios detiene la contaminación.
Tanto hombres como a mujeres echaréis; fuera del campamento los echaréis, para que no contamine el campamento de aquellos entre los cuales Yo habito.
Así lo hicieron...como Jehová lo dijo... (Números 5:3, 4)

Es de entender que como pueblo de Dios, cualquier lugar en que usted está, está en la presencia del Señor. Es de proceder el ser completo y totalmente protectivo de todo aquello que sabemos que pueda ya sea fácilmente o sutilmente adentrarse y apoderarse infectando tanto el pensamiento, progresivamente el comportamiento y continuar infectando todo aquello que abarca su vida.
La orden de expulsión fue dada para mantener la lepra controlada, para evitar que continuase su camino de propagación, juntamente con las instrucciones de las impurezas sexuales. ¿Significa esto que el amor de Dios no tiene interés por estos?  El amor del Señor es igualmente por todos, pero, cuando llegamos al punto de poder afectar o infectar a otros con nuestro estado de vida escogida y las consecuencias de estas, es inevitable la separación. El pueblo que recibió las instrucciones de separación estaba bajo el amor, cuido y la protección divina. Aquellos apartados estaban bajo el amor de Dios y su misericordia para con ellos aún a pesar de su condición.
Tome en cuenta o considere que esta orden no se confinaba a nadie en especial en el término de si fuese familia, conocidos, amigos o un miembro de la familia de Dios en tendencias que podrían y son contaminantes para la vida tanto física, como espiritual.
Considemos  la lepra espiritual que hay que echar fuera del campamento, ya sea esta su hogar, iglesia, círculo de amigos, familiares:
1.      Aquél que no anda en integridad y no hace uso o practica la justicia. El que ha hecho del engaño su forma de vida.
2.      Aquél calumniador, que siembra cizaña.
3.      Aquél que se deleita en hacer el mal o hacer sufrir a su prójimo.
4.      Aquél que no puede habitar en paz con su prójimo, vecino.
5.      Aquél que vive una vida indigna, y se burla de los que honran o temen a Dios.
6.      Quien su dinero da a usura.
La única asociación de un creyente con los tales es para ser un factor cambiante en sus vidas o una influencia de bien.
Al separarlos o distanciarnos de ellos, de ninguna manera implica que no permanece la responsabilidad de orar por ellos, y estar dispuestos a extenderles oportunidad en los cambios que vayan llevando en sus vidas. Empero, la continua asociación no siempre logra levantar a ese caído que obstinadamente permanece en su estado de enfermedad espiritual. Porque de no ser prudente, fácil presa podría resultar aquél que no se mantiene avisado.
El Espíritu de Dios desea habitar, moverse entre su pueblo en cualquier lugar en la que ellos se encuentren, mas, el creyente tiene una responsabilidad, y esta depende de nuestra obediencia y cumplimiento de aquello se requiere para que sea una realidad.
Mis amados tenemos que estar pendientes dónde estamos y con quién estamos, si aquel lugar, tanto como aquella asociación permite que el Señor permanezca en su Señorío sobre todo, habitando ya sea en el campamento, su Templo, su hogar, su familia. Y la única forma de mantener esto un hecho es echando fuera todo lo impuro y contaminante.
No busque apoyo y vínculo con aquello que nuestro Señor ha prohibido, de hacer lo contrario, esta acción dejará manifiesto que posiblemente usted sea uno de los que deben de ser echados fuera hasta que haya restauración y no sea un impedimento dentro del pueblo que para que el Señor habite, bendiciendo y guardando de todo mal a su pueblo.
Ciertamente Dios ama a todo hombre, al hombre en su estado de perdido, igual a su pueblo redimido. Pero, para el Señor, hay una separación y una división que exige para aquellos gravemente o grandemente infectados, para que no interrumpan las bendiciones de los demás. El Señor ha instruido, la obediencia es el camino que echa fuera o detiene las contaminaciones o las infecciones espirituales.


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