La desobediencia a Dios implica muerte, en instancias podría ser física
y en otras podría ser interrupción de alguna bendición que nos había otorgado
el Señor. Siempre es y será costoso el desobedecer al Creador.
Lo que Dios instruye siempre representará vida, nunca dará otro fruto o
resultado. Nadie obedeciendo al Señor ha perdido jamás. El que pierde es el
diablo de hacer un tonto, otro necio, ó un perfecto ignorante de otra vida.
El rey de Siria reunió a todo su ejército para ir en contra o declarar
guerra a Israel. Reunió con él 30 vasallos (los dominios de estos abarcaban una
ciudad y el territorio alrededor de ella) ó reyes. Este rey junto con sus
aliados subió contra Samaria, lo sitió y la atacó. Después del ataque envía un
mensaje al rey Acab. El mensaje abarcaba apropiación de la plata, el oro, sus
mujeres y sus hijos. Al cual el rey de Israel accedió a las demandas. Luego le
llegó un segundo mensaje similar al primero, pero agregó que registraría su
casa y las casas, y se llevarían todas las cosas preciosas que tenía.
Después del segundo mensaje llama a los ancianos, miembros respetables
de las ciudades de Israel que aconsejaban, y les hizo saber sobre los hechos.
Al cual ellos le hicieron saber que no los obedeciera.
Los embajadores retornaron al rey enemigo y le hicieron saber que Acab
no lo iba a permitir. Incrementa la amenaza de Ben-adad sobre ellos.
Dios le envía un profeta con un mensaje a Acab:
Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran
multitud? Pues Yo la entregaré hoy en tus manos, para que conozcas que Yo Soy
Jehová (1 Reyes 20:13).
Acab se prepara, pasa revista, había 7,232 para la batalla. Cada uno de
los israelitas en la batalla mató al enemigo que venía contra ellos. Los sirios
al ver la efectividad en la defensa de los israelitas temieron y trataron de
huir, pero los de Israel los siguieron.
Cuándo Dios nos concede la oportunidad de poder darle fin a alguna situación
que representaba o representa peligro para sus vidas, no haga tregua con el mal,
no trate de razonar sobre ello; de un corte completo y elimínelo de tal manera que
no pueda volver a levantarse contra usted. Dios les entregó a los enemigos de su
pueblo y les dio la capacidad de molerlos. En la aplicación actual, no le brinde
otra oportunidad a aquello con lo que se había asociado y lo llevó al borde de la
destrucción, acabe con ello, distanciándose para siempre.
Al ver esto el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con
alguna de su caballería. Dios le dio victoria al rey Acab en esta
confrontación. No bien finalizado, se presenta nuevamente el profeta ante el
rey y le hace saber que tendrá que fortalecerse, porque dentro de un año
nuevamente el rey de Siria vendría contra él.
Un año después, tal como lo hizo saber el Señor, el rey de Siria se
levantó nuevamente contra Israel con un gran ejército. Pero mis amados usted,
todo creyente siempre será mayoría con el poder de Dios sobre su vida; esto
implica que irrelevante es la cantidad de lo que fuese trabajando en contra o
tratando de detener, con la presencia y estando en la voluntad de Dios, usted
es la mayoría, no ellos.
...Los hijos de Israel mataron de los sirios en
un solo día a 100 mil hombres de a pie. Los demás huyeron a Afec, pero el muro
cayó sobre los 27 mil hombres que habían quedado... (1 Reyes 20:29, 30).
Cuando el Señor está dirigiendo la confrontación, es Èl, Dios que acabará
con todo aquello que pudiese tratar de volver a levantarse. Asegúrese usted de no
volver a abrir la puerta de tolerancia a nada de aquello de lo que el Padre celestial le ha permitido librarse.
Nuevamente el rey de Siria logró escapar y por algunas estrategias logra convencer al rey Acab que le
concediera perdón, al cual accedió.
En dos ocasiones cometió el mismo error. En dos ocasiones el Señor le
entrega a su enemigo y él deja a aquella serpiente aun con vida para seguir
provocando picaduras de muerte.
La orden del Señor no fue que se negociara o se razonara con aquellos
que tratan de desestabilizarte o destruirte.
Mis amados cuando Dios te permite
atrapar una serpiente venenosa, no son para que lo vuelvas a soltar para que
vuelva a sorprenderte o para que haga daño a otros. Es para que se tome las
medidas pertinentes para desactivarlo.
Ya sea que no tenga más acceso a usted ó para que las leyes se encarguen
de ajusticiarlo.
En el caso del rey Acab, Dios le había concedido o entregado en sus
manos al enemigo de Israel. Sin embargo, este rey completamente operando en
dirección contraria a lo que era la voluntad del Señor pacta con el rey de
Siria. Mis amados el rey sirio era una serpiente venenosa, Acab tenía que usar
cualquier medio para que no tuviese más poder para continuar levantándose en
contra de los israelitas. La condena de Dios para ese hombre era muerte, Acab,
rey de Israel, no obedece al Señor y lo deja ir con vida.
A raíz de su desobediencia, de no hacer lo que el Señor le había
indicado recibe nuevamente la visita del profeta, esta ocasión de una sentencia
para él:
Así ha dicho Jehová; por cuanto dejaste escapar
de tus manos al hombre que Yo había condenado, pagarás con tu vida por la suya,
y con tu pueblo por el suyo (1 Reyes 20:42).
Registra la Palabra de Dios que Acab, después de escuchar las palabras
del profeta se fue triste y enojado. ¿Enojado contra o con quién? Acab no
estaba haciendo nada loable o digno de encomio al pactar con el rey de Siria,
en esta ocasión él pacto con el diablo, porque ese rey era un instrumento del
mal para el pueblo de Dios.
En su ignorancia y mente carnal, él razonó con el mal, desobedeciendo al
Soberano Dios.
Empero, acaso ¿no es así con algunos en el pueblo? Dios ya ordenó, ¿y
usted lo está razonando o examinando?
El Señor dijo que es el camino angosto que debemos de tomar, algunos aún
prosiguen el ancho que lleva a la perdición. Dijo que tenemos que negarnos a
nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirlo, y algunos ni han tomado su cruz
(sus obligaciones espirituales) y tanto menos siguiendo; son miembros del
pueblo de Dios, mas, aún están haciendo tanto a su manera, y no bajo todo
aquello que el Señor establece).
Como tu pueblo tenemos una sola obligación, obedecerle en cualquier y todo
aspecto que el haya ordenado; seguir aquello que ha determinado y abandonar
razonamiento con sus preceptos, ya que con el Señor nada hay que razonar, es obediencia
y sometimiento.
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