Quita la escoria de la plata y saldrá una
alhaja para el fundidor (Proverbios 25:4).
Padre, no veo bendición en esto,
Estoy eliminando, las escorias hijo;
No quiero estar, entre aquello que aturde,
Te estoy utilizando, para que tu testimonio, les hable.
No se asemeja, a lo que me has prometido,
Estás en Mi mesa, te estoy formando;
No puedo ver, que estoy llegando,
En mis manos, ningún hijo está estancado.
Señor, esta prueba es muy grande,
¿Crees, que tu Dios te ha dejado? Ó
¿Estás, a su sumo cuidado?
¿Crees, que no habrá mañana? Ó
¿Has visto, del Señor cosas nuevas?
Es en el horno,
A grados intensos,
Sobre, el metal precioso;
Es, en la remoción de aquello,
Que cubre, el valor oculto,
Librado esta, la alhaja,
Que Dios, logrará exhibir.
Toda vida, sin Cristo,
Pareciera, un metal de poco valor;
Pero, actuado su poder,
Limpiando, lo que dejó de ser;
Se aprecia la prenda,
Luego se anhela, aquello tener.
Ese ebrio, encarcelado;
Esa mujer, que no tuvo reclamos;
Ese violín, que no había sido tocado,
Esa voz, que no había sido escuchada;
Salidos por el poder, que su mal consumió,
Pueden lucir, vestido fino,
Que Jesús, su sangre, compró.
Señor, sí, elimina las escorias;
Despreciable condición,
Que trata, de volver a atacar;
Que Tus manos sean,
Los que lo haga, volver a brillar,
Porque toda lámpara, apagada,
Por Tu poder, vuelve a iluminar.
Y cuando hagas, cuando haces,
Todas estas maravillas, en
nuestras vidas,
Que nos vendamos a Ti,
Esa entrega absoluta, que te pertenece;
Habiendo tomado, lo vil y
despreciado,
Lo cual, para nadie, tuvo a su cuidado,
Y los hizo, un especial tesoro.
Serán para Mí especial tesoro, dice Jehová...
(Malaquías 3:17).
Esta es la condición de todo aquél que temen a Jehová y honran su
nombre, así somos vistos por Él.
Señor, tomaste el tiempo, el Dueño del
universo, y con tus preciosas manos eliminaste las escorias de nuestras vidas.
Todo aquello que impedía que el valor real estuviera. Y ahora tu pueblo es Tu
especial tesoro, todos los que te temen y honran Tu nombre. Gracias por ser el
Dios que bajó sus manos y nos levantó, cuando para otros no había ningún valor.
Te alabamos y te damos gracias en el poderoso nombre de Jesús.
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