Todo creyente forma parte de un pueblo único, comparado a nada
humanamente, excepto aquello que se aproxima el cual es la estructura de la
familia, a la gran familia de Dios.
Todo fue obtenido porque fuimos encontrados, usted no buscó al Señor, el
Señor lo buscó a usted. Y en medio de ese recorrido que hacía por la vida sin
Cristo, la misericordia de Dios, gratuita para todos, lo alcanzó. En el libro
de Isaías 55:1 – 13, hay una hermosa y poderosa descripción de aquello que
ocurrió en cada uno que hoy forma parte de la bendecida familia de Dios:
1. Usted tenía una insaciable sed, y gloria a
Dios, bebió el agua de vida que el Señor le ofreció. Había un precio para
accesar este bien para nuestras vidas, el costo sobrepasaba todo cuanto nadie
podría, pero Jesús tomó aquella cuenta por pagar y con su vida lo canceló. Por
ende nadie es rechazado, excepto aquél que a Dios resiste.
2. Estábamos poniendo nuestro esfuerzo y empeño en
todo aquello que nunca iba a saciar. Pero vino Cristo y nos dio lo mejor, de
ella comimos y se deleitó nuestras almas con los manjares de nuestro Señor.
3. Escuchamos la voz de Dios porque a Él
inclinamos nuestra atención, estuvimos atentos a lo que nos decía y nuestra
alma encontró, obtuvo vida.
4. Luego nuestras vidas se convirtieron en un
testimonio de lo que el poder redentor hizo y hace a través de cualquiera que
haya sido la condición ante todos.
5. Posible haya sido que a través de lo que Dios
hizo en usted, por medio de Cristo, su vida ha llamado a otros a esa salvación
eterna.
6. En la búsqueda que tuvo toda vida, con Jesús
fueron encontrados, porque aún es el tiempo en que está cercano.
7. Los caminos de impiedad, de iniquidad fueron
dejados, porque nos devolvimos al Señor, quien ampliamente nos perdonó.
8. Nuestros pensamientos, nuestros caminos
humanos, nunca nos hubiera podido conducir hacia Dios, empero la obra del Espíritu
Santo en nuestras vidas, los caminos y los pensamientos fueron transformados.
¿Quién conoció la mente del
Señor? ¿Quién lo instruirá? Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo (1
Corintios 2:16).
9. En nuestra condición humana, amputada y
deshecha por el pecado, a través del poder de la salvación nuestra alma y
cuerpo han sido transformados.
10. Ninguna siembra, obra de Dios puede ser
cancelado. El Espíritu de Dios sembró en todo hombre la necesidad de Él. Usted
fue uno que atendió su llamado a la nueva vida en Cristo Jesús.
Descendió sobre usted la lluvia
divina de la Palabra, esa nieve espiritual; y regó su vida, hubo una
germinación, un fruto. Su salvación y la fe que profesa hoy.
11. Dios envió su Palabra a usted y no retornó al
Señor, sino que hizo lo que el Señor quiso en usted y prosperó la Palabra en
aquello por lo cual lo envió. ¿Se acuerda usted de cuál fue aquella palabra que
recibió, que lo hizo devolverse a su Hacedor?
12. Las bendiciones múltiples de nuestro Dios es
con lo que vive el pueblo. tanto en su salida y su entrada. En todo lugar en
que pueda encontrarse.
13. Las evidencias del cambio allí están en su
vida, la maldición fue cancelada para el creyente, esa maldición que estaba
sobre su vida sin Cristo.
El que no ama al Señor
Jesucristo, sea anatema (maldito, excluido). ¡El Señor viene! (1 Corintios
16:22).
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