¿Qué posee el hombre que no haya procedido de Dios? Su intelecto,
capacidad creativa, todos estos simple reflejo de la grandeza del Creador,
depositado sobre un finito en el vasto universo.
Todos estos grandes descubrimientos científicos, arquitecturas que
resultan una maravilla para contemplar una y otra vez, sin lograr saciarse de
su diseño y hermosura. Arte plasmado en lienzo, esculturas, composiciones
musicales que casi materializan lo intangible en su ejecución. La tecnología
que permite que cobre vida aquello que solo se imaginaba o se proyecto en
alguna tira cómica futurista.
Y ante todo esto hay aquél que fascinado está, no con el que lo hizo
todo posible a través del hombre, sino, en el simple grano de arena, en este
inmenso mar del Señor. Acaso insinuamos que mérito no tiene el instrumento,
desde luego que no; empero, toda gloria y honor pertenece al Creador.
Siempre habrá un grupo que reconocerá
la grandeza del Hacedor, y el otro extremo que solo contemplará el ingenio
humana, y lo grande que es aquél por haber alcanzado poder diseñar, crear los
medio para poder ver las galaxias, los astros, el espacio sideral; sin jamás
poder ver a través de aquello al Todopoderoso.
Un grupo de los espectadores glorifican a Dios por su grandeza, y otros
que miran al hombre maravillados por su capacidad, logros, esfuerzos; cuando
estos lo han obtenido del Supremo que ellos desconocen o simplemente rechazan
aceptar.
Cuando el código del “ADN” fue resuelto, uno de los científicos responsables
del logro, arribó finalmente al camino de fe y aceptación de la existencia del
Creador. Ya que con aquel conocimiento y trazos en los concluyentes, solo pudo
destacarse la grandeza del componente humano, y por ende, tuvo que haber sobre
todo aquello un Hacedor de lo que allí se contemplaba y se lograba.
Inició como uno de los científicos que estaban arribando a desembarcar
en algo increíble hasta aquel entonces, aquél descansaban en su intelecto,
conocimiento; pero, pudo desembarcar en los brazos de su Hacedor. Logró un
aporte para el mundo, y una bendición para su vida espiritual.
Cuando se puede tomar únicamente los beneficios, sin interesarse en
quién los capacita, se está operando en contra del Todopoderoso. Se está en una
posición de absoluto ante Él. Ya que con la disposición de algunos el mensaje
es alto y claro, aquí he llegado por esfuerzo, dedicación y estudios; aquello
de Dios, es algo no definido.
Hay instancias que al igual que Pablo se está cabalgando en dirección no
para la gloria de Dios, empero para la suya, y al igual que Pablo el Señor se
verá en necesidad de detenerlo por estar en contra de lo que Él representa.
...¿Quién eres, Señor (pregunta de Pablo)? Y
le dijo: Yo Soy Jesús, a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra
el aguijón (Hechos 9:5).
“Dar coces contra el aguijón...” la expresión proverbial ilustra la
imagen de un buey que da patadas contra la misma aguijada (aquello que lo
aliciente), al que el boyero le da uso para que avance precisamente el animal.
Y es contra aquello que presenta su rechazo.
¿Qué será aquello del cual el hombre se podrá jactar que no le deba al
Señor?
Si todo cuanto se hace o en lo que se está involucrado, no representa ni
glorifica al Salvador, se está cabalgando en contra de Él.
Al igual se puede transitar en el recuerdo de aquel viaje en donde los
astronautas por primera vez apreciaban dimensiones que jamás hasta ese momento,
y en aquel lugar ningún otro hombre pudo apreciar, y de los que allí estaban
uno de ellos, aquél que allí examinó y concluyo, tuvo que dejar manifiesto
sobre la existencia y la grandeza del Hacedor ante todo aquello.
Todos expuestos a tecnología, edificaciones, producciones que dejan
maravillados por la capacidad y conceptuación humana.
Empero, sólo aquél que en medio de todo cuanto lo rodea, todo aquello
que lo podría tener atrapado en materialismo, egocentrismo, intelectualismo,
adulación humana; solo aquél podrá evitar la caída en ese abismo de
autosuficiencia y total independencia de Dios, al jamás dejar de contemplar al
Creador, al Hacedor de toda buena dádiva, como lo hizo David.
Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, la
luna y las estrellas que Tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que
tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? (Salmo
8:3).
Los cielos cuentan la gloria de Dios y el
firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmo 19:1).
Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos; y todo el
ejército de ellos, por el aliento de su boca (Salmo 33:6).
...porque ¿quién en los cielos igualará a
Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los
poderosos? (Salmo 89:6).
Desde el principio Tú fundaste la tierra, y los
cielos son obra de Tus manos (Salmo 102:25).
Los cielos son los cielos de Jehová, y ha dado
la tierra a los hijos de los hombres (Salmo 115:16).
...el cual hizo los cielos y la tierra, el mar,
y todo lo que en ellos hay (Salmo 146:6).
Todo cuanto acontece debajo de los cielos, cada logro, aporte, creación
o inventos, no son eventos aislados del Señor; estos son manifiestos de la
capacidad que Dios ha dado al hombre.
Este hecho debería estar enteramente claro para los creyentes, empero
muchos se unen a los otros espectadores honrando y casi idolatrando al instrumento
usado por el Creador y Señor.
Toda gloria, honra y alabanza, a Dios pertenece.
Si alguna habla, hable conforme a las Palabras
de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para
que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y
el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:11)
...al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea
gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén (Judas
25)
¿A qué grupo pertenece usted, al que glorifica al
Soberano o al que levanta al hombre como autor y creador independiente del Señor?
¿Aquél que alaba a Dios por todas sus maravillas o se deleita perdidamente en
el ingenio del hombre?
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