a.
Ha probado el corazón y nada malo ha hallado. (17:3)
b.
Cuando nos hemos guardado. (17:4)
Pedir a Dios es el privilegio de todo creyente,
pedir conforme a lo que Él ha establecido para el bienestar de nuestras vidas
espiritual y en la medida que sea necesario en lo físico, material.
Aquí en el contexto de este
verso vemos que el salmista hace una petición y esta no parte de ninguna otra
connotación excepto, buscando, anhelando, deseando que los caminos del Señor
sea lo prioritario, el principio de todo cuanto se haga o se esté por hacer.
Solo Dios puede hacer esa
obra en nuestras vidas, ‘afirmar nuestros pasos’, lo que esto envuelve es que se
ruega al Señor que:
1.
Asevere: confirme, arme, pruebe, asegure,
manifieste su poder en todo cuanto se haga.
2.
Atestigua: has manifiesto que es de Tu agrado,
aprobación.
3.
Testifica: revela a través de Tus obras
maravillosas que mis pasos son de un final de honra para Ti.
4.
Alegra: si mis caminos están en Tu voluntad, mi
vida enriquecerá y no habrá tristeza o apartarás tristeza en medio de ella. En
otras palabras, jamás será un huésped en el hogar.
5.
Dogmatiza: que todo sea regido por Tus leyes,
preceptos.
6.
Certifica: si tenemos la certificación de Dios
en todo cuanto hacemos, esto implica que es de gloria para Él; que estamos
obrando conforme a sus propósitos, y que el camino escogido será bendecido,
prosperado por Él.
7.
Garantiza: cuando estamos en la voluntad del
Señor tendremos siempre éxito en lo que emprendamos. Éxito en el sentido de
honrarlo a Él en medio de todo cuanto logremos o hagamos.
Éxito en el mundo espiritual no envuelve bienes
materiales, no implica algún estrato social; lo que sí implica es alineación
con la voluntad divina y logros sin precedentes para la gloria de Dios. Y si
hubiese bienes juntamente con la misión, esto simplemente es algo adicional al
paquete sin implicar nada necesariamente indispensable, ya que lo indispensable
ya se posee, la presencia del Creador con nosotros. Éxito o prosperidad
espiritual no se confina en lo que se posee, empero en lo que brinda u ofrece
el Señor. Un Elías, Juan el bautista; hombres de éxito espiritual, pero tocante
a lo material, tenían todo cuanto era necesario. Tenían a su cuenta la
fidelidad y la provisión de Dios.
8.
Avala: el que estará completamente responsable
de todo cuanto se obtenga será el Señor, bajo los auspicios de solo Él.
Esta obra es enteramente de la responsabilidad del
Señor, ya que sólo Él puede y hace todo cuanto realmente es vital para nuestras
vidas.
Aquí hay un manifiesto, que
solo Dios puede ordenar sus pasos, puede administrar nuestras vidas en completa
ganancia, jamás sufriendo una pérdida en medio de nada. Por ende, estando Él en
medio de todo, obrando de esta forma en nuestras vidas, jamás resbalaremos (no
nos precipitaremos, no nos desplazaremos).
Estando en los caminos del
Señor, estando nuestros pasos afirmados por El, nuestros pies o nuestras vidas
no resbalarán o no habrá precipitación. Cuando el Señor es quien guía, entonces
los temores se desvanecen, la incertidumbre no está presente, la paz y la
confianza en Él son los eternos acompañantes, porque Dios es siempre fiel, y
todas sus promesas son una realidad por Él y en Él.